Priones y Vacas Locas

para Ciencia Hoy el . Publicado en Ciencia en el Mundo, Número 37.

Muy recientes investigaciones parecen confirmar que el agente causal de la encefalitis bovina es el que provocó en el reino Unido el reciente brote de una nueva forma clínica de la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.

La posibilidad de transmisión de la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) a los humanos bajo la forma de la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (ECJ).

Es posible ahora acceder a los contenidos del semanario científico británico Nature por la world wide web de la Internet en http://www.nature.com o http://www.america.nature.com).

Puede así obtenerse, entre otras cosas, información sobre los últimos cuatro números y muy breves resúmenes de sus artículos. A fines de octubre, Nature difundió por ese medio el texto completo de un artículo – aparecido en la revista el 24 del mismo mes – titulado Molecular analysis of prion strain variation and the aetiology of ’new variant’ CJD (Análisis molecular de la variación de cepas de priones y la etiología de la nueva variante de ECJ), escrito por J. Collinge, K.C.J. Sidle, J. Meads, J. Ironside y A.F. Hill, de la escuela de medicina del Imperial College de Londres y (en el caso de Ironside) de la National CJD Surveillance Unit (unidad nacional de vigilancia de la ECJ).

En el trabajo se presentan, por primera vez, evidencias experimentales de una relación causal entre el agente que provoca la EEB (o enfermedad de la vaca loca) y una nueva variedad clínica de la ECJ detectada en el Reino Unido en l996, cuya aparición obligó al gobierno británico, en marzo de ese año (a falta de otras evidencias), a aceptar la posibilidad de que su causa hubiese sido la transmisión accidental a humanos del agente de la EEB, proveniente de tejidos del sistema nervioso central de bovinas, ingeridos antes de fa veda a su consumo establecida en I 989. EI asunto tuvo gran difusión en la prensa, fue comentado in extenso por Ciencia-Hoy (ver ’Priones y vacas locas’, 34:9-12) y dio Iugar a una crisis de credibilidad, que aún persiste, en los productos de la ganadería británica. Para entender la nota que comentamos es necesario recordar que tanto la EEB como la ECJ parecen ser causadas por el cambio en la forma de una proteína normalmente presente en el sistema nervioso central, llamada proteína priónica (o PrP), que da Iugar una forma anormal llamada prión, cuya presencia produce una progresiva, uniforme y mortal destrucción del cerebro. El pasaje de la forma normal (o PrPC) a la patológica (o PrPSC) es catalizado por la misma PrPSC, de modo que basta una pequeña cantidad de esta para provocar la transformación de toda la PrPC en PrPSC. En la mayoría de los casos, la EC) aparece en el hombre sin causa aparente, en un quince por ciento de ellos el mal es hereditario y una fracción pequeña resulta de contagio accidental, producido al ser tratados pacientes con materiales infectados provenientes del sistema nervioso humano. Los nuevos casos, de evolución atípica (que en el trabajo de Nature se llaman nueva variante de ECJ o nvECJ), se incluirían en la categoría de ECJ producida por contagio, ya que los enfermos habrían contraído el mal de material de vacunos infectados con EEB.

Collinge y sus colegas analizaron algunas propiedades fisicoquímicas de priones provenientes de veintiséis casos de ECJ espontáneas, de siete accidentales, resultantes de la inoculación con tejido nervioso de humanos enfermos, y de diez de la nueva variante, atribuida a la EEB. En los estudios utilizaron tejido cerebral sometido a tratamiento con una enzima proteolítica que, al promover la ruptura de los enlaces que asocian entre sí los aminoácidos de una proteína, destruye la PrPC pero modifica sólo parcialmente la PrPSC, pues esta es muy resistente a la acción enzimática. Incorporaron el material a un medio gelatinoso que contenía un detergente y lo sometieron a la acción de un campo eléctrico. Durante un procedimiento de ese tipo, conocido como electroforesis, las proteínas se desplazan a distinta velocidad según su tamaño y, por lo tanto, terminan ocupando distintas posiciones en el gel (cuanto más grandes, más lentas en migrar). Para ubicar las proteínas priónicas en un material de composici6n tan compleja como el tejido cerebral se utiliza la capacidad de los anticuerpos de reconocer específicamente la proteína que les dio origen. Para ello, una vez finalizada la electroforesis, se transfieren las proteínas del gel a una delgada lámina de plástico o de papel (proceso que no cambia las posiciones de las proteínas separadas por la electroforesis). La membrana que contiene las proteínas transferidas se embebe en una solución con anticuerpos contra la proteína priónica, los que quedan unidos a las regiones de la membrana donde se ubicaron los priones, y su presencia se detecta con un reactivo quimioIuminiscente. Aparece así, en algunas zonas de la membrana, cierto número de señales o bandas en las que se puede determinar la ubicación y abundancia de las PrPSC.

En todos los casos, los investigadores nombrados encontraron que la PrPSC se manifestaba bajo la forma de tres bandas, es decir, como tres fragmentos de proteínas de diferente tamaño: dos, asociados con azúcares, y uno libre de estos. En el caso de las formas conocidas de ECJ, identificaron tres cepas de priones, sobre la base de la ubicación y abundancia de material en dichas bandas. La aplicación del procedimiento a la nueva variante de EC) mostró, siempre, una diferencia en la distribución e intensidad de las bandas que era llamativamente diferente de la de las cepas que aparecían en las formas convencionales de la enfermedad.

Este hallazgo constituye una fuerte evidencia de que la nueva variante de ECJ de humanos es causada por una cepa de priones diferente de la que provoca las formas conocidas. En experimentos posteriores, Collindge y sus colaboradores mostraron que la distribución de las bandas de la proteína priónica, en la nueva variante de la ECJ, era idéntica a la observada en ratones inoculados con el prión de la EEB y en gatos y monos que enfermaron por transmisión del prión de la EEB de vacunos, lo mismo que en tejido cerebral bovino enfermo con dicho mal. Además, y para corroborar este hallazgo, los autores mostraron que la infección de ratones con las formas conocidas de ECJ proveniente de humanos genera priones que se distribuyen del mismo modo que los del cerebro del hombre, lo cual indica que la identidad de cepas se conserva al pasar de especie.

Los autores han recalcado que los datos que obtuvieron todavía no constituyen una prueba concluyente de relación causal entre EEB y nvECJ, pero también señalaron que su existencia aumenta mucho la posibilidad de esa relaci6n. Sugirieron, igualmente, que es posible que la diferencia observada pueda ser detectada en material tomado de tejido linfático (amígdalas o ganglios linfáticos) en vez del cerebro; se dispondría así de un procedimiento sencillo y no cruento de diagnóstico precoz de la nvECJ. De confirmarse lo que sugieren estos hallazgos, el riesgo de que se desencadene en el Reino Unido una epidemia de nvECJ, causada por la alimentación humana con material vacuno contaminado, adquiere una nueva dimensión. El reducido número de casos detectados (los doce que motivaron el anuncio inicial en marzo de I 966 se convirtieron en catorce y hay algunos más en observación) podría sugerir, sin embargo, que, si bien la infecci6n se produce, su probabilidad es baja. Esto estaría de acuerdo con estudios anteriores del mismo grupo de investigadores (Nature, I 995. 378:779-783), que mostró que no era fácil infectar con priones de EEB a ratones portadores de la PrP humana por manipulación genética.

ACTUALIZACION BlBLIOGRÁFICA

Después de que Ciencia-Hoy tratara el tema en números anteriores, aparecieron dos artículos que vale la pena mencionar:
The Lancet (347:921-25) -que puede obtenerse de http://www.cdj.ed.ac.uk – que describe en detalle la nvECJ
Nature (382:779-88). En este, Iuego de un extenso estudio se concluye que la epidemia de EEB ya ha superado su punto máximo y habrá desaparecido para el año 200I; sin embargo, los autores consignan que todavía es incierto continuará siéndolo durante los próximos años – si los doce casos de lo nueva variante [de ECJ] pueden ser el comienzo de una epidemia.

CIENCIA HOY