Una experiencia

para Ciencia Hoy el . Publicado en Número 134, Recuadros de esta nota.

En 2004, un grupo asesor del gobierno de Suecia invitó a un conjunto de representantes de las disciplinas sociales de países en desarrollo a estudiar la desigualdad de género en los países nórdicos, según puede leerse en la obra de Naila Kabeer y Agneta Stark, incluida en las lecturas sugeridas. La iniciativa resultó de una directiva de los programas de asistencia internacional de los países nórdicos, por la que estos debían fomentar la igualdad de género en los lugares beneficiados por esos programas. Después de algunos años de insistir en ese principio, se pensó conveniente preguntarse si las políticas de género nórdicas serían aplicables de manera universal.

Así, integrantes de diferentes campos disciplinarios de la Argentina, Hungría, la India, Irán, México, Nigeria, Pakistán y Sudáfrica tuvieron oportunidad de investigar la realidad nórdica. Los temas de investigación fueron elegidos por cada integrante del grupo y resultaron muy variados: mercados de trabajo, educación, familia, participación política, políticas sexuales, estadísticas sociales, acción colectiva, etcétera. El análisis de la experiencia nórdica –en realidad, de Suecia y Noruega– se hizo en términos comparativos con la mirada de la experiencia del país de cada colega participante.

El planteo puede parecer raro. ¿Qué es posible aprender de comparar la alfabetización en Suecia y en Pakistán? ¿Hay algo en común entre las políticas de maternidad de Noruega y de la República Islámica de Irán? ¿Qué se puede decir de la política de familia en Suecia por comparación con la legislación de familia de raigambre católica de varios países iberoamericanos? ¿Qué tienen en común la prostitución en la India y en Suecia? ¿Cuál es el significado del trabajo a tiempo parcial de las mujeres en Suecia, Noruega y Hungría? En un nivel descriptivo, las diferencias son enormes. No tiene mucho sentido comparar resultados precisos, políticas o instrumentos. Más bien pareció necesario concentrarse en los procesos y propósitos de adoptar unas políticas y no otras, y en las condiciones que facilitan un curso de acción y dificultan otro.

Las académicas y activistas feministas escandinavas estaban preocupadas: sentían que eran ellas quienes debían formular la agenda de investigación, pues quienes provenían del extranjero no sabrían elegir los problemas correctos a investigar. El patrón habitual en esos países es que sus claustros académicos asesoren a colegas de otros países, antes que lo contrario. Esta actitud tiene su contracara en las expectativas en los países del sur, donde quienes llegan del extranjero –estudiantes, profesionales o fundaciones– llegan y definen los problemas ‘correctos’ que deben ser estudiados. Claramente, desde su punto de vista, la definición del problema no es una simple cuestión de cooperación internacional sino un ejercicio de poder.

En el curso de las investigaciones de ese proyecto, se plantearon cuestiones metodológicas y epistemológicas significativas e innovadoras. Se reveló también cómo miradas extrañas producen novedosas preguntas de investigación e interpretaciones inéditas sobre cuestiones no planteadas antes. En suma, se produce innovación.

Nota a la que pertenece este recuadro

La geopolítica internacional del conocimiento