Doping, ética deportiva y salud de los atletas

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Número 136.

El uso de sustancias diversas para mejorar el rendimiento físico de los atletas, además de perjudicar su salud, afecta la ética del deporte y tergiversa sus reglas. Es necesario recurrir a análisis rigurosos y constantes para realizar un buen control de esas prácticas.


Nuestra sociedad está dominada por la automedicación y por el uso indebido de sustancias químicas. Se recurre a ellas para incrementar el rendimiento en diversas actividades, o para mejorar la apariencia personal. Su uso se justifica y hasta estimula con pretextos como la salud, a menudo por consejo de personas próximas –que casi siempre carecen de los conocimientos suficientes para impartirlos–, o con el propósito de mejorar el estudio o el trabajo, mantener un estado de alerta, adelgazar o desarrollar la musculatura. También se busca con ellas aliviar angustias o enriquecer la convivencia social, como a menudo sucede con el cigarrillo, las bebidas alcohólicas, la marihuana, la cocaína o el éxtasis, y hay quienes emplean alucinógenos con propósitos rituales en un contexto religioso.

Muchos creen que no son perjudiciales, o que sus beneficios compensan sus riesgos, lo que en casi todos los casos es erróneo. Los anabólicos, por ejemplo, se presentan como recurso en materia de estética corporal y de paliativo para la debilidad muscular, sin advertir que tienen los mismos efectos colaterales que muchas de las llamadas drogas pesadas, entre ellos, la dependencia química, que es motivo creciente de internaciones en clínicas de recuperación de adictos, así como los cambios de humor, en muchos casos con aumento de la agresividad. Su uso habitual puede acarrear serios trastornos en el hígado (incluso cáncer) y en el sistema cardiovascular (como accidentes cerebrales).

Por ello, es paradójico que se muestre tolerancia social para los consumidores de anabólicos y para su uso indiscriminado en gimnasios a los que las personas concurren en pos de mejorar su salud. Ante estas situaciones, es responsabilidad de las autoridades del área estatal competente ejercer el control e impedir prácticas indebidas.

En el ámbito específico del deporte, cabe a las organizaciones que lo fomentan o gestionan velar por la salud de quienes lo practican, lo que va unido a establecer y fomentar el respeto de normas éticas. En los deportes competitivos, corresponde a esas entidades velar por la ética de la competición y realizar controles del uso de drogas o doping por parte de los deportistas participantes.

Las drogas están constituidas por moléculas; su actividad en el cuerpo humano tiene lugar por medio de interacciones moleculares. El organismo muchas veces las elimina por el camino de transformarlas en moléculas más simples o inactivas (llamadas metabolitos), que luego transporta la sangre hasta su excreción natural o su acumulación en tejidos como cabellos y uñas. Por lo tanto, para evaluar si hubo doping hay que determinar la presencia de la droga o de sus metabolitos en el cuerpo del atleta. La orina, que acumula los residuos eliminados por el organismo, es el material preferencial para este análisis, pero para ciertas sustancias hay mayor posibilidad de detección analizando sangre o plasma sanguíneo.

Laboratorios reconocidos

Aunque existen discrepancias en la materia, la opinión mayoritaria es que el control de doping en el deporte es necesario para proteger de los trastornos que provoca y garantizar la igualdad de condiciones en las competencias. Por definición, el doping (en castellano también llamado dopaje) es la acción de administrar fármacos a deportistas para aumentar su rendimiento. En su control tienen un cometido fundamental los farmacólogos y los toxicólogos, que pueden detectar el uso de sustancias prohibidas mediante el análisis de muestras de fluidos o tejidos tomadas al atleta.

La profesionalización llevó al deporte a los límites de la capacidad humana. En atletismo, por ejemplo, los records de pruebas de velocidad difieren en centésimas de segundo. Esto conforma un terreno fértil para el doping: lograr un pequeño margen, por ínfimo que sea, puede producir enormes ganancias. Apremiados por la necesidad de vencer a cualquier costo, los atletas utilizan estimulantes, narcóticos, analgésicos, anabólicos, corticoides, diuréticos, betabloqueantes, transportadores de oxígeno, hormonas como eritropoyetina (la hormona de crecimiento) o insulina, productos que enmascaran los anteriores (para burlar los análisis de control), transfusiones de sangre, y en breve podrían incurrir en doping genético (ver recuadro ‘Nuevo fraude’).

Para cubrir todas estas posibilidades de doping, la química analítica tuvo que anticipar continuamente nuevas prácticas progresivamente ideadas por los atletas y sus colaboradores. Las técnicas de análisis más complejas, como la cromatografía y la espectrometría de masas, son los grandes recursos que permitieron el éxito del control antidoping.

Como sucede con cualquier sistema de control, siempre es posible el fraude, pero los avances de la química analítica reducen cada vez más esa posibilidad. En algunos casos, el fraude puede pasar inicialmente inadvertido, pero los datos o las muestras recolectadas pueden ser analizados nuevamente con técnicas cada vez más depuradas, lo que permite sancionar a los atletas hasta con años de demora, y revocar las medallas obtenidas en forma fraudulenta.

Por excelente que sea un laboratorio de química analítica, los resultados que obtiene no serán mejores que la calidad de las muestras que recibe. Por lo tanto, la recolección de las muestras para controlar el doping exige la intervención de personal calificado al que no puedan engañar posibles ocultamientos y manipulaciones por parte de los atletas. Además, se practica un riguroso sellado con lacres inviolables de los recipientes de la muestra, que cierra el mismo atleta, y se aplican procedimientos de transporte que garantizan una cadena de custodia del material hasta el laboratorio. En este, las muestras solo se identifican por códigos que ocultan la identidad del atleta, para asegurar la objetividad del análisis. Después de cincuenta años de control de doping, sus procedimientos fueron perfeccionados a punto tal que reciben hoy escaso cuestionamiento.

Nuevo fraude. Según la Agencia Mundial Antidoping, el doping genético es un nuevo fraude que se extiende en estos momentos en el ámbito deportivo. Consiste en el uso no terapéutico de células, genes, o la modulación de la expresión de estos para aumentar el rendimiento atlético. Ese aumento puede obtenerse, por ejemplo, induciendo genéticamente una mayor producción de sustancias orgánicas que mejoran la oxigenación, la potencia o la resistencia muscular. Este tipo de doping se estaría utilizando en muchos deportes, según denuncias controvertidas, y es de difícil detección. La citada agencia invita a investigadores de todo el mundo a encontrar métodos de detección de estas nuevas formas de doping.

En todo el mundo hay en estos momentos 32 laboratorios reconocidos por la Agencia Mundial Antidoping, la que también supervisa su desempeño. En Iberoamérica hay tres, uno en Cuba, uno en Colombia y uno en Brasil, que dirige el autor de esta nota. Cuando encuentran sustancias prohibidas en la muestra que analizan, los laboratorios presentan un informe a la federación deportiva a la cual pertenece el atleta, cuya Comisión de Control de Doping lo evalúa, considera otras evidencias y, basándose en el Código Mundial Antidoping, establece si corresponde una sanción y la aplica.

El atleta puede recurrir la sanción ante la Federación Internacional y, en última instancia, ante un Comité Arbitral Internacional. Al contrario de lo que sucede en la justicia común, en este proceso los atletas deben probar su inocencia, criterio denominado de responsabilidad estricta (strict liability) que los obliga a un cuidado extremo. En la práctica, necesitan la guía de un médico competente para decidir qué sustancias utilizar, y qué alimentos y bebidas consumir. El caso de los suplementos alimentarios es particularmente crítico, ya que muchos tienen aditivos prohibidos o están contaminados con sustancias no admisibles.

Métodos de análisis

Hace poco más de cincuenta años, al comienzo de los análisis de control de doping, la química de los medicamentos aún era incipiente. Para cada necesidad farmacológica había pocas sustancias disponibles, las que en general tenían la misma estructura molecular básica por la que interactuaban con los receptores del organismo. Por esta razón, el control de doping buscó desarrollar métodos para detectar esos grupos de sustancias similares. El precursor de tales trabajos fue el químico –y ciclista– alemán Manfred Donike (1933-1995), de la Escuela de Deporte de la Universidad de Colonia, Alemania.

Los métodos de esa época intentaban identificar los siguientes grupos de selección: (i) estimulantes volátiles; (ii) estimulantes, narcóticos-analgésicos y betabloqueantes; (iii) cafeína; (iv) anabólicos, y (v) diuréticos.

Los fluidos biológicos, que en los laboratorios son llamados genéricamente matrices (pues contienen las sustancias que son buscadas) se caracterizan por una gran complejidad. Por otra parte, dichas sustancias están normalmente presentes en pequeñas cantidades o residuos, lo que configura la proverbial búsqueda de la aguja en un pajar, salvo que, a diferencia de la paja, la matriz no tiene una sola clase de molécula sino una enorme variedad de ellas, que el organismo produce, ingiere, procesa y metaboliza.

Como la sangre está compuesta principalmente por agua, transporta disueltas las sustancias que el organismo finalmente elimina. Se habla así de dos fases del metabolismo. En la primera, o fase I, se produce una transformación de las moléculas para conferirles mayor afinidad por el agua (en término técnicos, hacerlas más polares), lo que facilita su pasaje del interior de las células a los fluidos biológicos. En la fase II, los grupos químicos polares de las moléculas transformadas se ligan con grupos aun más polares de moléculas como las de los ácidos glucurónico y sulfúrico, lo que acelera su eliminación.

El análisis de doping enfrenta el desafío de extraer las moléculas de interés de la matriz, para reducir las interferencias en la detección, y concentrarlas en un volumen menor de esta, para aumentar la posibilidad de encontrarlas. Los métodos utilizados para hacerlo se adaptan a las características de los grupos de moléculas que se procura detectar. Los procedimientos preliminares incluyen, entre otras cosas, la remoción del exceso de solvente para concentrar esas moléculas en solo algunos microlitros (millonésimas de litro) de matriz.

Cuando se usa cromatografía gaseosa, es común promover uniones químicas que vuelven las sustancias más volátiles y térmicamente más estables, lo que favorece el análisis. En la cromatografía líquida, solo se precisa elegir el solvente que transportará las sustancias. Estas técnicas cromatográficas tienen un extraordinario poder de separación de sustancias, y son capaces de distinguir entre las moléculas causantes del doping y aquellas del material que las transporta, gas o líquido.

Los detectores más eficientes son los espectrómetros de masas, que operan sobre la base de partir las moléculas en fragmentos pequeños, que se cuentan y cuya masa se calcula. El resultado es un espectro de masas que revela el número de cada tipo de fragmento versus su masa. En realidad, como los fragmentos tienen carga eléctrica, ese resultado se da como el cociente entre masa y carga.

Como las rupturas de las uniones químicas suceden en los lugares más inestables de la estructura molecular, el químico usa su conocimiento para armar el rompecabezas: sabiendo la masa, le es posible deducir qué átomos componen un fragmento. La abundancia de cada fragmento le permite imaginar cómo el conjunto de átomos se organizaría para constituir un fragmento de molécula. Juntando las posibles estructuras de fragmentos y determinando cómo se unirían, llega a la estructura de la molécula, con lo que el rompecabezas queda completo. Así, además de determinar la presencia y la cantidad de cierto tipo de molécula en la muestra, el método permite identificarla.

El hecho de que cada molécula tenga un espectro de masas característico abre una posibilidad para el análisis: determinar la presencia de determinada molécula solo por iones cuya estructura combinada sea característica de ella. En ese caso, se establece que el espectrómetro fragmente las moléculas y genere iones, pero solo se observan los iones característicos de las sustancias de interés, como si las otras moléculas presentes no existiesen. Por medio de ese artificio, se puede verificar si aparecen centenares de sustancias prohibidas o sus metabolitos en la orina de los atletas.

Con el desarrollo de la farmacología y de la química aplicada a la medicina, la estructura de los fármacos pasó a ser diseñada por programas de computación. Como estos consideran el encastre de las moléculas en los receptores de las células y las interacciones que ahí ocurren, y evalúan millones de posibles estructuras y composiciones atómicas, los nuevos medicamentos pueden, en teoría, ser muy diferentes entre ellos, aunque tengan una acción semejante en el organismo. Por eso, el control de doping mediante la búsqueda de grupos de sustancias de estructura química similar quedó obsoleto.

Ahora, los métodos de control de doping cada vez más buscan sustancias que se comportan de modo parecido, tanto en el tratamiento de la muestra como en la separación y detección, independientemente de la actividad biológica que ejercen.

Por eso, los grupos de selección a que nos hemos referido se han configurado de otra manera. Hoy un grupo denominado IV B abarca anabólicos, marihuana, antiestrógenos, inhibidores de la enzima alfa reductasa, efaproxiral (sustancia que intensifica el transporte de oxígeno en la sangre), betabloqueantes y narcóticos-analgésicos. Otro llamado VI B incluye hormonas pépticas (como las gonadotrofinas); glucocorticoides, anabólicos y algunas otras sustancias farmacológicas forman el grupo VII A. El VII B está integrado por diuréticos, estimulantes y otros compuestos farmacológicos; el VIII A, por los diluyentes de plasma; el IX por esteroides endógenos; el X por eritropoyetina y sustancias biosimilares como NESP y CERA, que estimulan la producción de glóbulos rojos, y el XII por la hormona de crecimiento, que tiene un grupo aparte para ella. La cafeína fue retirada de la lista de sustancias prohibidas. Como se aprecia, los grupos actuales son muy diferentes de aquellos investigados al principio del control de doping.

Riesgos crecientes

A medida que la ciencia avanza en el tratamiento químico de enfermedades, aparecen nuevos desafíos en el control antidoping. Uno de los últimos se relaciona con el abuso de hormonas pépticas, sustancias que afectan directamente ciertos procesos centrales del funcionamiento del organismo y presentan efectos colaterales de interés para los atletas.

De este modo, el abuso de la hormona de crecimiento produce más masa muscular, pero también hace que el organismo crezca de modo desproporcionado. En el caso de la insulina, que controla el tenor de azúcar en sangre, los atletas aprovechan también un efecto secundario de aumento de la masa muscular, aunque tenga otros efectos colaterales negativos. La eritropoyetina induce la maduración de los glóbulos rojos en la médula y su liberación en sangre, lo que aumenta la cantidad de transportadores de oxígeno a los músculos, que así adquieren más capacidad de generar energía y, por lo tanto, de hacer trabajo, pero también puede causar que la sangre se vuelva más viscosa y origine la obstrucción de venas y arterias, con el consiguiente peligro de muerte. Además, hay péptidos (que son fragmentos de proteínas) que actúan como factores de liberación de hormonas, y se usan con ese fin.

Paradójicamente, los avances del control antidoping llevan a los atletas a buscar opciones cada vez más invasivas y con mayores consecuencias para el organismo. Pero esto les crea riesgos cada vez más graves. En una búsqueda de resultados –que debemos calificar de irresponsable– los atletas transitan la línea muy delgada que forma la frontera entre las ventajas para el desempeño deportivo y el daño irreparable de su salud o, incluso, la pérdida de la vida.

Adaptado de Ciência Hoje, 48, 287: 22-27, noviembre de 2011

Lecturas Sugeridas

MOTTRAM D(ed.), 2011, Drugs in Sport, Routledge, Nueva York.

WADDINGTON I & SMITH A, 2009, An Introduction to Drugs in Sport, Routledge, Nueva York.

Francisco Radler de Aquino Neto

Francisco Radler de Aquino Neto

Doctor en química, Universidad Federal de Río de Janeiro. Profesor titular del Departamento de Química Orgánica, UFRJ.
Investigador del Consejo Nacional de Investigación del Brasil (CNPq). Director del Laboratorio Anti Doping, UFRJ.