Ficción y realidad

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 138.

Roland Barthes (1915-1980), pensador francés que hizo aportes a la lingüística y a la teoría literaria, proponía clasificar la literatura en textos ‘legibles’ y textos ‘escribibles’. En los primeros, el lector está limitado a aceptar o rechazar lo que lee. Los segundos, en cambio, disparan múltiples perspectivas, promueven la escritura, requieren una participación más activa del lector y lo interpelan como productor de sentido.

Asimilando esta categorización, dos psicólogos neoyorquinos realizaron experimentos sobre los efectos que puede tener la literatura en la capacidad para identificar y comprender los estados subjetivos de nuestros semejantes. Los investigadores examinaron grupos de lectores de ficción literaria –cuyos textos consideraron de la clase ‘escribibles’– y grupos de lectores de ficción popular –que entraría en la clasificación de textos ‘legibles’–. Y compararon ambos grupos en cuanto a la capacidad de sus integrantes para generar empatía.

Los participantes del grupo de ficción literaria leyeron historias breves de autores que publican en revistas literarias (entre ellos, Alice Munro, último premio Nobel de literatura): narraciones enfocadas en retratar en profundidad lo que sienten y piensan los personajes. Los participantes del grupo de ‘ficción popular’, en cambio, leyeron cuentos de Stephen King, Julio Verne, Isaac Asimov y Edgar Allan Poe, entre otros.

En opinión de los investigadores, los lectores de ficción literaria deben recurrir a recursos interpretativos más flexibles para inferir los sentimientos y los pensamientos de los personajes. La ficción popular, en cambio, es menos exigente, porque tiende a representar el mundo y los personajes de una manera más consistente y predecible. Por lo tanto, esta característica podría satisfacer las expectativas del lector, pero al mismo tiempo no estimular sus habilidades para inferir estados emocionales a partir de unos pocos rasgos.

Los mundos de la ficción presentan menos riesgos que el mundo real, y ofrecen la oportunidad de evaluar la experiencia de otros en un banco de pruebas, sin consecuencias ni compromisos. Así, mucha de nuestra experiencia podría estar basada en la literatura que consumimos. O en su ausencia.

Más información en DC Kidd & E Castano, 2013, ‘Reading Literary Fiction Improves Theory of Mind’, Science, 342, 6156: 377-380 y en doi:10.1126/science.1239918.

Julio Gervasoni

Julio Gervasoni