José Antonio Pérez Gollán (1937-2014)

para Ciencia Hoy el . Publicado en Número 139.

El 23 mayo de este año murió José Antonio Pérez Gollán –Pepe Pérez–, un notable historiador y arqueólogo.

Nacido en Córdoba, luego de sus estudios secundarios en el colegio Montserrat y de un breve pasaje por la Facultad de Arquitectura, se licenció en Historia en 1967 con una monografía que ya perfilaba su decidido interés por la arqueología: Patrones de poblamiento en el noroeste argentino. Diez años más tarde se doctoró en la Universidad Nacional de Córdoba con otro tema de arqueología, la alfarería del sitio Ciénaga Grande en Jujuy. Fue investigador del Conicet y uno de los discípulos prominentes y más cercanos de Alberto Rex González, con quien realizó amplias investigaciones sobre la arqueología del noroeste argentino y escribió numerosos artículos, además de un libro que tuvo una gran difusión en el país, Argentina indígena. Vísperas de la conquista (1972).

José Antonio Pérez Gollán

A lo largo de su carrera se fue consolidando el interés por el pasado indígena del noroeste argentino y del área andina, campo en el cual realizaría sus aportes más significativos. Entre estos se destacan su reinterpretación de la cultura arqueológica de La Aguada y de su iconografía, sobre todo del llamado disco de Lafone-Quevedo, una pieza de metal con un rico y variado complejo de imágenes. En el mismo sentido, creó una visión novedosa de los suplicantes, enigmáticas estatuillas de piedra asignadas al período Formativo del noroeste argentino. Su pensamiento original y creativo se manifestó en sus renovadoras interpretaciones de esos temas. Su impronta en la arqueología del noroeste ha sido fuerte y perdurará por muchos años.

Además, Pérez Gollán realizó importantes aportes teóricos. A mediados de la década de 1970 participó en la Reunión de Teotihuacán, un encuentro realizado en México, promovido por José Luis Lorenzo, que buscó reorientar la teoría y la práctica de la arqueología latinoamericana. El documento surgido de esa reunión fue fuente de inspiración para muchas generaciones de arqueólogos de América Latina. Pocos años más tarde publicó un libro sobre V Gordon Childe, en el que analizó el andamiaje teórico de ese influyente arqueólogo australiano. La reflexión sobre la práctica y la teoría en arqueología fue una constante en toda su carrera.

Un tercer campo en el que Pérez Gollán hizo aportes sustanciales fue el de los museos. Durante la última dictadura militar se estableció en México. Cuando retornó al país en 1987 se hizo cargo de la dirección del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires; en 2005 dejó esa dirección para tomar la del Museo Histórico Nacional hasta 2012. En ambas instituciones llevó a cabo una labor pionera tanto en los estándares de preservación y catalogación de las piezas como en el diseño y las temáticas de las exhibiciones. Transformó ambos museos en espacios activos de memoria y reflexión, y les dio relevancia para el presente. Generó en adición un antecedente mundialmente significativo al restituir voluntariamente una cabeza maorí tatuada y momificada, que estaba en los depósitos del Museo Etnográfico, a su grupo étnico de origen, en Nueva Zelanda.

Integró el primer comité editorial de Ciencia Hoy cuando la revista se fundó en 1989. Permaneció por una década en esas funciones, a las que retornó en 2013. Su presencia fue crucial para definir la orientación y las políticas editoriales de la revista, en especial en las humanidades y las ciencias sociales, aun en los momentos en que no estaba presente en el mencionado comité pero seguía aportando su voz de consulta.

También dejó una huella indeleble en los programas académicos de la Fundación Antorchas, a los que contribuyó a modelar como asesor y como integrante de comités de selección de becas y subsidios. Son numerosos los investigadores que completaron su formación y dieron los primeros pasos de una carrera de destacada producción académica gracias la visión y generosa capacidad de reconocer los talentos de Pepe.

Pérez Gollán fue un hombre comprometido con su tiempo y sus ideas. Un excelente arqueólogo con sensibilidad artística y con sentido social de la arqueología. Un ciudadano esclarecido que creía en la democracia y en la sociedad libre y pluralista. Un académico con mente abierta y espíritu tolerante. Pero sobre todo fue una persona honesta, un colega admirado y un amigo leal. Por todo esto su ausencia se siente profundamente.

El comité editorial agradece la ayuda de Gustavo Politis para redactar este obituario y de Mirta Bonin por la fotografía.