Neurociencias en el aula

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 139.

¿Cómo lee un texto nuestro cerebro? ¿Reconoce palabras enteras o las descompone letra por letra? ¿Cómo reaccionan nuestros mecanismos emocionales cuando aprendemos algo nuevo? Comer demasiadas grasas ¿afecta nuestras funciones cognitivas? Preguntas como estas pueden parecer referidas a dominios de conocimiento muy diferentes. Sin embargo, son el tipo de preguntas que discute y examina la neurociencia, la disciplina que estudia el funcionamiento del cerebro humano tanto a nivel molecular y celular como a nivel de las interacciones con el ambiente.

En particular, los neurocientíficos tienen la oportunidad de vincular sus investigaciones sobre el cerebro con la forma en que nos educamos: la relación entre la composición de la dieta y el aprendizaje, las diferencias entre niños criados en ambientes monolingües o bilingües, la medición de la actividad eléctrica del cerebro para predecir el desarrollo del aprendizaje de la lectura, la conexión entre memoria y flexibilidad cognitiva.

‘Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación’ es una polémica frase acuñada por Charles Grant Allen, un destacado divulgador de la ciencia del siglo XIX. El provocativo enunciado de Allen pareciera destinado a poner en duda la identificación entre educación y escolaridad. Y es que los niños pasan el 85% de su tiempo fuera de las aulas. ¿Deberíamos entonces prestar especial atención a prácticas educativas y a eventos o situaciones que ocurren fuera de la escuela, pero que impactan en el desempeño cognitivo? En la actualidad, la neurotecnología ha abierto las puertas para comunicarse de manera no invasiva con la mente de un niño pequeño. Estos métodos han mostrado una amplia evidencia de que nacemos con un core de conocimientos conceptuales con nociones de matemática y de lenguaje; pensamientos intangibles, que permanecen completamente introspectivos, encapsulados en la mente del bebé y que no pueden ser inferidos de la observación de su comportamiento. Una criatura de tres meses podría producir una rudimentaria forma de lenguaje que no está vinculada con una acción motriz: sabiendo esto, sus padres podrían estimular el desarrollo de su sistema de lenguaje, de la misma forma que lo tomarán de la mano cuando empiece a dar sus primeros pasos.

La neurociencia está de moda y, dada su área de incumbencia, los científicos se ven obligados a mantener abierto el diálogo. Este será próspero si, al mismo tiempo que se comprende cabalmente el alcance de sus recomendaciones, se valora la contribución que esta disciplina puede hacer integrando el conocimiento de la pedagogía con las investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro.

Más información en Sigman M, Peña M, Goldin A y Ribeiro S, 2014, ‘Neuroscience and education: prime time to build the bridge’, Nature, 17, 4: 497-502.

Julio Gervasoni

Julio Gervasoni