Los isótopos de estroncio, el GPS de la arqueología

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 148.

Varias de las grandes evoluciones de la humanidad han estado vinculadas con migraciones. Por ejemplo, la difusión de la agricultura y la ganadería, que se esparcieron desde Oriente Medio hacia el oeste, a Europa, y hacia el este, al Asia Oriental. Es también por migraciones que diferentes sociedades aprenden una de otra y se transmiten nuevas tecnologías. Por ello, para poder entender mejor las sociedades del pasado es importante identificar las migraciones y estudiar los movimientos de las poblaciones y culturas. Tradicionalmente, esos movimientos y contactos entre sociedades han sido estudiados analizando los materiales arqueológicos. Cambios en la manera de construir viviendas, enterrar los muertos, hacer y adornar cuencos cerámicos, etcétera, proporcionan informaciones que los arqueólogos usan para identificar contactos entre culturas.

Sin embargo, el registro de materiales arqueológicos es restringido y por lo tanto la cuestión del origen de las culturas o sus contactos con otras no es siempre fácil de dilucidar. Hoy, avances en métodos científicos basados en el análisis de ADN y la medición de isótopos de estroncio ofrecen nuevas posibilidades para investigar migraciones del pasado.

El análisis de ADN es muy importante para los estudios generales de las migraciones, ya que proporciona la posibilidad de vislumbrar los lazos genéticos entre regiones. Pero para establecer el origen geográfico de individuos concretos, los científicos utilizan el análisis de isótopos de estroncio.

El estroncio (Sr) es uno de los elementos de la tabla periódica. Existe en la naturaleza con cuatro isótopos estables: 88Sr, 86Sr, 87Sr y 84Sr, de los que 88Sr es el más abundante y 87Sr es en parte radiactivo. Por otro lado, rocas de diferentes tipos y edades geológicas tienen diferentes proporciones entre 87Sr y 86Sr. A su vez, el estroncio se incorpora a los seres vivos a través de la cadena alimentaria, lo que proporciona una señal característica del área de origen de la comida y el agua consumidas. De esta manera, plantas, animales y personas llevan en el organismo una especie de GPS geológico que conduce a establecer de qué lugar geográfico provienen.

Los restos de la joven de Egtved, perteneciente a la Edad de Bronce, cuyo ataúd de roble fue dendrocronológicamente datado en 1370 a.C. Foto Roberto Fortuna, Museo Nacional de Dinamarca.

Los restos de la joven de Egtved, perteneciente a la Edad de Bronce, cuyo ataúd de roble fue dendrocronológicamente datado en 1370 a.C. Foto Roberto Fortuna, Museo Nacional de Dinamarca.

Recientes avances en el análisis de los isótopos de estroncio permiten identificar movimientos y viajes con precisión de meses. Como los humanos absorbemos estroncio constantemente, si nos mudamos de un lugar a otro y el origen de la comida cambia, la señal geológica de los isótopos de estroncio también cambia. Nuestros huesos, dientes, uñas y pelo crecen a velocidades distintas, lo cual crea una línea de tiempo que señala dónde hemos estado durante diferentes períodos de nuestra vida. Por ejemplo, el esmalte dental se forma durante la infancia y no cambia una vez formado, pero los huesos siguen creciendo y remodelándose durante toda la vida. El cabello crece a una velocidad aproximada de un centímetro por mes y da la posibilidad de estudiar movimientos geográficos mes a mes. Los primeros análisis de isótopos de estroncio revelaron que una mujer de la Edad de Bronce conocida como la joven de Egtved había recorrido miles kilómetros durante los últimos dos años de su vida. Los científicos lograron establecer que probablemente haya viajado, ida y vuelta, desde el suroeste de la actual Alemania hasta el sur de Dinamarca, con lo que cubrió más de 2000 kilómetros. Estos análisis han sido los primeros en probar que hace más de 3300 años la gente hacía largos desplazamientos, indicios de sociedades extremadamente dinámicas.

La combinación de la evidencia arqueológica con los métodos de las ciencias naturales ofrece nuevas plataformas con las que podemos investigar el pasado y así entender mejor nuestro presente.

Más información en FREI KM et al., 2015, ‘Tracing the dynamic life story of a Bronze Age Female’, Nature Scientific Reports, 5, 10431; doi: 10.1038/srep10431, y FREI KM et al., 2015, ‘Strontium isotope investigations of the Haraldskær Woman’, ArcheoSciences, 39: 93-101.

Karin Margarita Frei

Karin Margarita Frei

Museo Nacional de Dinamarca