Los secretos de los tardígrados

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 154.

Últimamente se han escuchado en la Argentina críticas a muchas investigaciones por su supuesta ‘inutilidad’, especialmente en las humanidades. Seguramente quienes formulan esas críticas considerarían un derroche de recursos a estudios sobre unos organismos de apariencia insignificante y de alrededor de 1mm de largo denominados tardígrados, pequeños invertebrados que viven en películas de agua sobre musgos, líquenes, plantas, en el suelo e incluso en ambientes marinos o de agua dulce.

Los tardígrados tienen el aspecto de pequeños ositos rechonchos de ocho patas que se mueven con paso lento y bamboleante, lo cual les ha merecido la designación común de osos de agua. De hecho su nombre significa ‘caminadores de paso lento’. Pero la característica que se destaca en ellos es que, ante condiciones desfavorables del ambiente, disminuyen su metabolismo hasta hacerlo indetectable, un proceso llamado criptobiosis. En este estado pueden resistir temperaturas tan extremas como -272ºC (casi el cero absoluto) o +151ºC, la inmersión en solventes orgánicos, o intensidades de radiación varias veces mayores que las que los seres humanos podemos soportar. Son los únicos animales conocidos capaces de sobrevivir en el vacío del espacio interplanetario.

 

Imagen de microscopio electrónico de un tardígrado. La barra que da la escala mide 0,2mm. Global Soil Biodiversity Atlas, Colorado State University.

Durante la criptobiosis se detiene el proceso de envejecimiento del organismo, de manera que su vida se puede prolongar por varias décadas: se ha mencionado que tardígrados encontrados en musgos secos almacenados por ciento veinte años en un museo, al ser humedecidos, volvieron a la vida normal. Hasta donde sabemos, lo anterior no está rigurosamente documentado, pero científicos del Instituto Nacional de Investigación Polar de Japón acaban de anunciar evidencias de una situación parecida con tardígrados encontrados en musgo antártico conservado a -20ºC desde hace treinta años. Tres ejemplares, identificados por los investigadores como Bella Durmiente 1, 2 y 3, fueron capaces de reproducirse, prueba de su total recuperación luego de tan largo período de criptobiosis.

Las anteriores no son las únicas sorpresas que estas pequeñas criaturas tienen para darnos. Hace tiempo se descubrió que, además de la transferencia de genes de padres a hijos que todos conocemos (o transferencia vertical intraespecífica), existe en la naturaleza transferencia de genes entre individuos de especies distintas (o transferencia horizontal interespecífica). Un estudio reciente que secuenció el genoma (estableció la estructura química del conjunto de genes) de un tardígrado constató por primera vez esa transferencia horizontal en estos invertebrados, y en mucho mayor medida que en otros animales, ya que hasta el 17% de sus genes podría provenir de bacterias, algas y hongos, aunque un trabajo posterior indicó un porcentaje menor. El esfuerzo por aclarar esta discrepancia está originando importantes mejoras en las técnicas de estudio de los genomas de los animales.

Se puede apreciar que el estudio en profundidad de estas criaturas, además del placer que produce su conocimiento, puede brindarnos información acerca de mecanismos biológicos tan importantes para nosotros como el envejecimiento y la transferencia horizontal de genes. Esto nos trae a la mente una anécdota –que bien podría ser apócrifa– de un zoólogo que dedicó su vida al estudio de los pepinos de mar. Cuando se le preguntó por la utilidad de sus investigaciones, su irónica respuesta fue: ‘Como mínimo, mantener a mi familia en los últimos veinticinco años”. No se tomó la molestia de explicar la utilidad máxima.

Lecturas Sugeridas

Tsujimoto M, Imura S & Kanda H, 2016, ‘Recovery and reproduction of an Antarctic tardigrade retrieved from a moss sample frozen for over 30 years’, Cryobiology, 72: 78-81

Boothby TC et al., 2015, ‘Evidence for extensive horizontal gene transfer from the draft genome of a tardigrade’, Proceedings of the National Academy of Science USA, 112, 52: 15976-15981.

Horacio Heras

Alejandro Curino

acurino@criba.edu.ar