Sobre el origen de nuestra especie

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 155.

En el campo de la paleoantropología −el estudio de la historia evolutiva de los ancestros de la humanidad−, los descubrimientos se suceden hoy a velocidad pasmosa. Muchas veces revelan hechos inesperados, pero siempre incrementan el conocimiento del pasado de nuestra especie. La última sorpresa se publicó en junio pasado en la revista Nature, en un artículo que describe fósiles de Homo sapiens desenterrados en la localidad Jebel Irhoud, a unos 100km al oeste de Marrakech y algo menos al este de la costa atlántica, en Marruecos. Lo llamativo es que la datación de los fósiles, realizada con precisas técnicas actuales basadas en termoluminiscencia (que permiten estimar el tiempo trascurrido desde que minerales cristalinos sufrieron la acción del fuego), indica una antigüedad de alrededor de 315.000 años, mientras los restos fósiles más antiguos hasta ahora conocidos de la especie datan de hace unos 200.000 años.

El paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin, que hoy trabaja en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig y lideró las excavaciones, conocía fósiles encontrados en la misma localidad en la década de 1960, los cuales, con el saber de entonces, se consideraron de tiempos mucho más recientes, quizá de unos 160.000 años atrás. La aplicación de las avanzadas formas actuales de datación a esos mismos fósiles y a los recientemente excavados en dicha localidad llevó esa fecha a los mencionados 315.000 años.

 

Fósil de mandíbula de Homo sapiens excavada en Jebel Irhoud, Marruecos. La barra que da la escala mide 5cm. Foto Max Planck Institut für evolutionäre Anthropologie

Los métodos fisicoquímicos de datación de fósiles, como el indicado, no son los únicos posibles de emplear en casos como este. Cuando se encuentra restos de ADN (lo que no sucedió en Jebel Irhoud) se puede recurrir a métodos genómicos o moleculares Estos se basan en que las dos cadenas que componen la doble hélice de la molécula de ADN están compuestas por eslabones denominados nucleótidos, los cuales son de cuatro tipos, y en que la información genética está codificada por el orden en que esos cuatro tipos de nucleótidos aparecen a lo largo de dichas cadenas. Ese orden, sin embargo, sufre leves cambios o mutaciones de una generación a la siguiente (no todas las cuales subsisten).

A partir del momento en que dos especies se separan e inician caminos evolutivos independientes, las mutaciones que se van produciendo en cada una marcan las diferencias genéticas que las separan, y su cantidad es aproximadamente proporcional al tiempo transcurrido desde la separación. Esa cantidad, por lo tanto, permite deducir el momento de la escisión. Esa clase de estudios sugieren que nuestra especie se separó hace más 500.000 años de otro homínino, el Homo neanderthalensis (véase el gráfico de la p. 5), lo cual significa que la datación de los fósiles que estamos comentando, más cercana a dicha fecha que las manejadas hasta el momento para Homo sapiens, es compatible con la proveniente de los estudios moleculares.

Como se aprecia, los nuevos conocimientos están llevando a esclarecer notablemente el remoto pasado de la humanidad, a lo que también contribuyó el análisis anatómico de los fósiles de Jebel Irhoud, que presentan un interesante mosaico de caracteres primitivos y modernos. La huesos faciales son más bien planos, como los de los H. sapiens modernos, pero otros aspectos de la mandíbula y la dentición son más primitivos. La parte del cráneo que rodea al cerebro tiene una forma aplanada y alargada hacia atrás que se diferencia claramente del cráneo abovedado de los integrantes modernos de nuestra especie.

Importante es la ubicación del hallazgo comentado en el noroeste de África, dado que los más antiguos fósiles conocidos hasta ahora de H. sapiens provenían del este y sur de ese continente. Los autores del artículo citado afirman por ello que los procesos evolutivos que condujeron a H. sapiens ocurrieron en todo el territorio africano, una conclusión igualmente sorpresiva. Los estudios genéticos de seres humanos vivientes indican que la población fundadora de nuestra especie tenía un tamaño muy reducido, pero a la luz de Jebel Irhoud también se puede pensar que, luego de haber proliferado hasta cierto momento, esa la población se redujo a un pequeño número de individuos, de los que descendemos todos los humanos actuales.

El paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould escribió en la década de 1970, en Ever Since Darwin. Reflections in Natural History: ‘Cada año, al surgir de nuevo el tema [de la evolución humana] en mis cursos, me limito a abrir mi carpeta y volcar su contenido en la papelera más cercana. Y allá vamos de nuevo’. Esté atento, estimado lector, porque seguramente en breve verán la luz nuevos descubrimientos sobre nuestro origen y nuestra historia evolutiva.

Más información

Hublin JJ, et al, 2017, New fossils from Jebel Irhound, Morocco, and the pan-african origin of Homo sapiens’, Nature, 546: 289-299, y en Stringer C & Galway-Whitman J, 2017, ‘ On the origin of our species’, Nature, 546: 212-213.

Horacio Heras

Alejandro Curino