¿Cuánto podemos vivir?

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 156.

El incremento del bienestar en todo el mundo elevó de forma sostenida la expectativa de vida de los seres humanos. En términos globales, esa expectativa continúa creciendo a fuerza de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables. La vacunación, la asistencia médica primaria, el acceso al agua potable y a una alimentación balanceada son medidas que se busca hacer llegar al total de la población. Pero en los países industrializados la esperanza de vida dejó de crecer en los últimos años. Esto se debe, entre diversas causas, al aumento de ciertas enfermedades no transmisibles, como las patologías asociadas con una mala alimentación, la sobrealimentación y el sedentarismo.

A la luz de este cambio en la distribución de las edades en las que las personas mueren, se han generado controversias acerca del límite de edad válido para nuestra especie. La esperanza de vida máxima se considera como una característica estable de las especies animales, al contrario de lo que ocurre con la esperanza de vida promedio. Para los humanos, el máximo comprobado corresponde a Jeanne Calment (1875-1997), quien vivió hasta los 122 años en Arles, en Provenza. Sin embargo, estudios en organismos modelo demostraron que este máximo puede modificarse mediante alteraciones genéticas y farmacológicas.

Una publicación reciente, que sugiere la existencia de una edad máxima de vida en humanos, puso en discusión estas cuestiones. Algunos investigadores niegan que haya tal límite y argumentan que las herramientas disponibles de la estadística matemática no permiten medirlo. Otros sugieren, con argumentos sólidos, que los avances tecnológicos y el aumento promedio de la expectativa de vida permitirán con el tiempo que se eleve la expectativa máxima de vida.

 

Jeanne Calment en 1895 y 1995, con 20 y 120 años.

Esta última hipótesis se puso a prueba partiendo de que, si tal límite no existiera o no fuera observable, las personas con mayor sobrevida deberían con el tiempo morir a edades cada vez mayores. Pero lo observado en países con buena información estadística refuta esta hipótesis, pues el lapso de sobrevida de los más ancianos llegó a un pico en 1980 y no aumentó desde entonces.

La idea de que exista un límite natural no implica que esté regulado genéticamente, ya que un mecanismo como este no podría haberse seleccionado directamente durante nuestra evolución dado que muy pocos individuos alcanzan esa edad. En condiciones protegidas de vida, un ratón no sobrepasa los 1000 días de vida, un perro vive aproximadamente 5000 y los humanos alrededor de 29.000. Este hecho indica que los relojes internos que miden el tiempo desde la concepción son distintos y están regulados por programas genéticos que establecen tiempos de desarrollo, crecimiento, maduración y reproducción, y son producto de 3700 millones de años de evolución. Pero esos relojes no regulan la edad de la muerte, si bien el envejecimiento es un efecto colateral de ellos. La discusión está abierta.

Horacio Heras

Federico Coluccio Leskow

Lecturas Sugeridas

OLSHANSKY SJ., 2016, Ageing. Measuring our narrow strip of life’, Nature, 538: 175-176, doi: 10.1038/nature19475, y en BROWN JL, ALBERS CJ & RITCHIE SJ, 2017, ‘Contesting the evidence for limited human lifespan’, Nature, Brief Communications Arising, 546: E6-E21, doi: 10.1038/nature22784.