Cambio climático, glaciares y volcanes

para Ciencia Hoy el . Publicado en Número 158, Revista.

Tanto en la literatura académica como en la prensa general se vienen publicando en las últimas décadas noticias acerca de la retracción de glaciares en prácticamente todo el mundo, lo mismo que sobre la disminución de los hielos en los casquetes polares, respaldadas por numerosos estudios y mediciones confiables, y a veces ilustradas por elocuentes fotografías, como las dos incluidas en esta página.

Otros estudios, realizados con métodos más complejos, mostraron que fenómenos de esta especie se produjeron repetidas veces, en el mismo sentido y en el inverso, a lo largo de los millones de años del tiempo geológico. Tanto en el pasado remoto como en el presente, esos cambios de los hielos terrestres mostraron clara correlación con los cambios de la temperatura media de la atmósfera, al punto que geólogos y climatólogos concluyeron que los aumentos y las disminuciones de dicha temperatura causan las alteraciones en sentido inverso constatadas en los glaciares. Y también causan los ascensos y descensos del nivel del mar, pues en un sistema cerrado como es la Tierra, menos glaciares sobre los continentes significa a grandes rasgos más agua líquida en los océanos, y viceversa.

Si lo anterior coincide con lo que cualquiera podría deducir con un poco de sentido común, no sucede lo mismo con lo que sostiene un artículo publicado en Geology, la revista científica de la Asociación Geológica de los Estados Unidos: que el cambio climático y su consiguiente modificación del tamaño de glaciares y hielos polares iría también de la mano de alteraciones en sentido inverso de la actividad volcánica en muchas regiones del mundo, algo que no es la primera vez que se observa. En otras palabras, del registro geológico se deduce que, tomando en cuenta la escala del tiempo geológico, existe correlación inversa entre glaciares y actividad volcánica.

Glaciar Muir, en Alaska, el 31 de agosto de 1941 y de 2004. Fotos de William O Field (izquierda) y Bruce F Molnia, NASA.

Los autores del artículo que comentamos, activos en diversas universidades del Reino Unido y los Estados Unidos, basaron sus conclusiones en estudios sobre glaciares, clima y vulcanismo en Islandia. Investigaron la presencia de ceniza de volcanes (o tefra) de Islandia depositada en esa isla y en el norte de Europa, en formaciones de turba y en sedimentos lacustres, y advirtieron la relación inversa mencionada en el párrafo anterior. La causa de que esto tenga lugar está abierta a discusión. La hipótesis más difundida es que el peso de gruesas capas de hielo comprime la corteza terrestre y el manto que esta tiene debajo, lo cual cierra los canales por los que el magma volcánico llega a la superficie. Inversamente, la disminución o desaparición de ese peso por derretimiento del hielo permite la llegada del magma a la superficie, es decir, causa una erupción volcánica. Estas observaciones llevan a pensar que, con el aumento actual de la temperatura terrestre la humanidad no solo se enfrentará con una retracción de los glaciares y de los casquetes polares, y un incremento del nivel del mar, sino también con mayor actividad volcánica en las zonas con glaciares en tierra firme. Lo último, según los antecedentes examinados en el artículo que se comenta, tardará un tiempo en producirse: alrededor de unos 500 a 600 años.

Lecturas Sugeridas

SWINDLES GT el al., 2017, ‘Climatic control on Icelandic volcanic activity during the mid-Holocene’, Geology, DOI 10.1130/G39633.1.