Garrapatas y dinosaurios

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 161.

Las muy conocidas garrapatas, que se alimentan de la sangre de mamíferos, son un grupo de aproximadamente novecientas especies de ácaros que atacan a animales con pelos, plumas o escamas. A partir de hallazgos recientes realizados por un grupo de paleontólogos españoles, británicos y estadounidenses encabezados por Enrique Peñalver y Ricardo Pérez de la Fuente, respectivamente de los museos Geominero de Madrid y de Historia Natural de Oxford, ahora sabemos que las garrapatas del Mesozoico eran bastante similares a las actuales. Los nombrados estudiaron ejemplares de ellas de 99 millones de años de antigüedad, procedentes de Birmania (Myanmar), conservados en ámbar o resina vegetal fosilizada. Conocemos muy poco sobre las interacciones parásito-hospedador y la transmisión de enfermedades en esa remota época.

Una de las especies encontradas por los investigadores es de una familia actual de garrapatas (Ixodidae), mientras que otra pertenece a un grupo desconocido hasta la fecha que los paleontólogos denominaron Deinocrotonidae, solo integrado por Deinocroton draculi (en alusión al conde Drácula). El hallazgo es asombroso porque, además de estar en perfecto estado de conservación, los parásitos hematófagos se encontraron asociados con plumas de dinosaurios que habitaban esas regiones (en aquel tiempo las aves aún no se habían originado) y, aún más, uno de los especímenes se encontraba repleto de sangre, con su cuerpo dilatado a ocho veces su tamaño normal. Esto indica que la resina de árboles le cayó encima muy poco después de haber ingerido un gran volumen de sangre, y revela la relación de parasitismo con su hospedador emplumado.

Además de los ácaros, la pieza de ámbar contenía restos de algunas plumas, diferentes tipos de insectos (hemípteros, dípteros y escarabajos), coprolitos (excrementos fósiles), restos de plantas, micelios de hongos y partículas orgánicas e inorgánicas. Los restos de larvas de coleópteros que se hallaron pegados a las garrapatas resultaron muy interesantes, pues provienen de insectos semejantes a los que viven hoy en los nidos de las aves y, entre otros desechos, consumen restos de plumas. Esto podría confirmar la hipótesis de que las primeras garrapatas habitaban los nidos de sus hospedadores.

Vista ventral de machos de garrapatas mesozoicas que permitieron identificar la especie Deinocroton draculi. Cada ejemplar mide aproximadamente 4mm.

A semejanza de lo que ocurre en el presente, las garrapatas podrían haber sido transmisoras o vectores de enfermedades de los dinosaurios. Otro investigador, George Poinar, de la Oregon State University, que estudió aspectos celulares de los ácaros encontrados en Birmania, concluyó que en la cavidad de su cuerpo y en su intestino había bacterias semejantes a las especies patógenas actuales del género Rickettsia. Sin embargo, otros investigadores cuestionaron las conclusiones de Poinar y consideraron que no eran microorganismos fósiles sino simples imágenes debidas a defectos de las técnicas utilizadas para el estudio.

Hace algunos años la literatura y el cine imaginaron la posibilidad de obtener ADN de dinosaurios a partir de su sangre encontrada en insectos hematófagos, y delinearon la posibilidad de resucitarlos y verlos junto con seres humanos. Esto permanece en el campo de la ficción, ya que todo parece indicar que el ADN de restos fósiles tan antiguos está irremediablemente dañado o totalmente destruido, por lo que no es posible obtener información genética para recrear dinosaurios. De todos modos, el hallazgo de garrapatas en ámbar abre un gran número de interrogantes sobre la biología de los ácaros hematófagos ancestrales, su relación con sus hospedadores, el comportamiento de los dinosaurios e, incluso, sobre la evolución de los dinosaurios con plumas.

Más información en PEÑALVER E et al., 2017, ‘Ticks parasitised feathered dinosaurs as revealed by Cretaceous amber assemblages’, Nature Communications, 8: 1924, doi 10.1038/s41467-017-01550-z, y en POINAR G, 2015, ‘Rickettsial-like cells in the Cretaceous tick, Cornupalpatum burmanicum’, Cretaceous Research, 52: 623-627, doi 10.1016/j.cretres.2014.02.007.

Cristina Damborenea

cdmabor@fcnym.unlp.edu.ar