30 años de Ciencia Hoy

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Editoriales, Número 162.

En diciembre de 1988 se presentó en el Palais de Glace el primer número de Ciencia Hoy. Su portada reproducía la pintura Modulaciones de Julio Le Parc, quien en ese momento exponía obra en el mismo lugar. Modulaciones fue elegida para ilustrar el artículo en el que Carlos Balseiro y Francisco de la Cruz, del Centro Atómico Bariloche, describían el entonces novedoso y todavía actual fenómeno de la superconductividad en altas temperaturas críticas.

 El primer editorial expuso las razones que llevaron a la creación de la revista y los principios que guiarían su política editorial. Esos principios mantienen su vigencia. Ciencia Hoy divulga al público no especializado temas relacionados con todas las ramas de la ciencia y la tecnología. Pretende tener calidad literaria, gráfica y artística para transmitir la idea de que los resultados de la ciencia son bienes culturales valiosos y que informarse sobre ellos es una experiencia enriquecedora. Intenta modificar la difundida noción de que la ciencia es algo que únicamente se realiza en otras partes del mundo.

Ciencia Hoy es también una revista de opinión, en cuyas páginas se discuten con independencia de criterio y pluralismo de enfoque cuestiones vinculadas con la ciencia y la tecnología en la Argentina y en el resto del mundo. En sus editoriales se empeña en lograr que se reconozca la importancia de la ciencia para el desarrollo del país, y también que se advierta que la promoción de la ciencia por entidades públicas o privadas solo genera resultados socialmente valiosos si se ajusta a criterios de mérito –determinados por el juicio de los pares– y se realiza mediante procedimientos abiertos y transparentes. En sus secciones ‘Ciencia y sociedad’ y ‘Opinión’ la revista analizó con frecuencia cuestiones vinculadas con lo anterior y con la responsabilidad social del científico y del administrador de la ciencia. Estos asuntos fueron adquiriendo cada vez más importancia debido a la creciente incidencia de los complejos productos de la ciencia y de la tecnología en casi todos los aspectos de la vida cotidiana.

Los primeros diez años de Ciencia Hoy no fueron fáciles. Diciembre de 1988 precedió al difícil verano de 1989; fueron meses de cortes de luz, del inicio de la hiperinflación y de intentonas de sublevación militar, incluida la del copamiento de La Tablada. A poco de aparecida la revista, se produjo un cambio de gobierno que ocasionó traumáticas turbulencias en el sector científico-tecnológico y afectó a Ciencia Hoy, ya que la revista fue blanco de injustificadas e infundadas agresiones por parte de algunas de las nuevas autoridades que actuaron en dicho sector. Su supervivencia en condiciones frecuentemente muy adversas no hubiera sido posible sin la tozuda decisión de quienes la pusieron en marcha y se empeñaron en llevar adelante la revista, los cuales, además –podemos dar fe–, ni en los peores momentos consideraron la posibilidad de cesar definitivamente su publicación.

Esta actitud tuvo un invaluable apoyo en la lealtad de autores y lectores, la cual determinó que Ciencia Hoy nunca careciera de artículos ni de público. También creyeron en Ciencia Hoy las empresas que mantuvieron su publicidad en la revista. Durante los primeros años fue crucial el apoyo de un conjunto de instituciones públicas argentinas, en particular, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de La Plata, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Conicet, la Secretaría de Ciencia y Tecnología. Con el pasaje del tiempo, contribuyeron decisivamente a la supervivencia de Ciencia Hoy y al cumplimiento de sus objetivos la decisión en 1997 del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación de distribuir la revista en más de siete mil establecimientos de enseñanza media de todo el país, y la comprensiva actitud de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, que desde el inicio de la revista adquirió y distribuyó a las bibliotecas de su jurisdicción los sucesivos volúmenes encuadernados.

Igualmente fueron importantes en la etapa inicial las ayudas proporcionadas por organismos extranjeros e internacionales, como la Agencia Sueca para la Cooperación con el Desarrollo (Sarec), la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Oficina Regional para la Ciencia y la Tecnología de la Unesco y la Academia de Ciencias del Tercer Mundo. Y el proyecto no hubiera sobrevivido sin la importante contribución que durante los primeros tres años realizó la Fundación Antorchas.

 Las reflexiones sobre los treinta años de Ciencia Hoy quedarían incompletas si no se mencionara que, dos años después de iniciar la publicación de la revista, la Asociación Ciencia Hoy decidió embarcarse en el establecimiento y la gestión de lo que llamó Red Teleinformática Académica (RETINA). Su objetivo inicial fue ofrecer a los miembros de la comunidad académica local la posibilidad de comunicarse entre sí y con sus colegas del resto del mundo mediante el correo electrónico, aún muy poco conocido y solo disponible a precio cuasi prohibitivo. A este se agregó en una segunda etapa el aprovechamiento de otras posibilidades ofrecidas por las redes de computadoras, principalmente el acceso a internet. Ambos recursos resultaban entonces crípticos para el público y desconocidos para muchos científicos, en especial para los ajenos a la electrónica y disciplinas conexas.

Lo que define la particular identidad de nuestra revista es que Ciencia Hoy no es una publicación científica sino de divulgación: no es un órgano hecho para que los investigadores den a conocer a sus pares el resultado de sus trabajos, sino para que se entere de ellos –por lo menos en sus grandes líneas y sin entrar en tecnicismos– el público medianamente curioso. En una palabra, el destinatario primordial del esfuerzo editorial no es el autor sino el lector. La revista nunca se cansa de pedir a los esforzados autores que recuerden esa circunstancia cuando procesan sus textos, porque una de las invariables y más delicadas tareas editoriales es pasarlos del estilo propio de las revistas científicas, en el que están acostumbrados a escribir, al estilo adecuado para un órgano de divulgación.

Hay otro concepto que es oportuno recordar, sobre todo en estos momentos en que los medios masivos de comunicación suelen presentar un solo aspecto de la ciencia y la tecnología modernas, a saber, su capacidad de servir como motores del desarrollo socioeconómico, de la innovación, de la mayor productividad y de la creación de riqueza. Ese otro concepto es que el conocimiento tiene un valor intrínseco que excede su utilidad práctica y su potencialidad económica. La ciencia siempre fue parte del patrimonio inmaterial de las sociedades avanzadas de cada momento y, en ese carácter, es un bien cultural a ser preservado, multiplicado y puesto a disposición del público. En el siglo XXI, más que nunca, la ignorancia de los avances científicos ahonda las desigualdades de los pueblos que la padecen.

Ayudar a entender que la investigación científica avanzada no está fuera del alcance del mundo académico local es también parte del encuadre general en que la revista realiza su tarea de divulgación. La ciencia de punta no es algo que solo se hace en los Estados Unidos, en Europa o en el Japón: muchas disciplinas se cultivan creativamente entre nosotros, por personas que aprendieron la profesión científica en estas tierras, la ejercen en ellas y son reconocidas como pares por los líderes mundiales de sus respectivas ramas.

A lo largo de estos treinta años mucho cambió en Ciencia Hoy, pero se preservaron la inspiración y los objetivos fundacionales. Con el paso del tiempo, la modificación de las circunstancias externas y la experiencia que hemos ido adquiriendo hicieron variar el énfasis puesto en diferentes facetas de esos propósitos, y se fue ajustando la manera de cumplirlos. Si se comparan los primeros con los últimos números, se podrá advertir la importancia de esos cambios, tanto en el diseño gráfico como en el estilo de los artículos, que pasaron de una redacción más cercana a la de textos científicos a una que procura estar más al alcance del lector no especializado. También se agregaron secciones en las que no se pensó al comienzo, como ‘Ciencia en el aula’ o ‘Ciencia en la cocina’, y ‘Grageas’.

 Los editores quieren aprovechar esta breve nota de aniversario expresando gratitud a varios grupos de personas, que se indican colectivamente porque son demasiado numerosas para nombrar en forma individual. Merecen reconocimiento, además de los fundadores, los sucesivos integrantes de las comisiones directivas de la Asociación Ciencia Hoy y de los comités editoriales de la revista, por el tiempo y esfuerzo que dedicaron sin remuneración material alguna a la tarea de una institución de bien público sin fines de lucro. Merece un lugar único en esta expresión de gratitud nuestra colega brasileña Ciência Hoje, cuya colaboración fue definitoria en nuestros tiempos iniciales. Merecen un enorme agradecimiento los cientos de autores que contribuyeron con sus escritos, su paciencia y su dominio de las más variadas disciplinas académicas a que, número tras número, hubiese material de buena calidad científica para publicar, lo mismo que los revisores o árbitros a quienes recurrimos para garantizar esa calidad. Merecen ser recordados los avisadores, los organismos públicos y las fundaciones que apoyaron la revista. Y últimos en la enunciación, pero por cierto no en importancia, los lectores, cuya fidelidad y confianza han proporcionado un crucial sustento material y moral a lo largo de estos treinta años.

 Que todas esas personas aportaran sus ideas, su trabajo voluntario y su tiempo para que la empresa saliera adelante; que ocuparan cargos de la comisión directiva y del comité editorial, escribieran los artículos, actuaran como árbitros anónimos de los manuscritos presentados e integraran sucesivos comités científicos asesores, sin excepción ad honórem, constituye un poderoso motivo de satisfacción y orgullo.

En adición, la tarea editorial se vio beneficiada por la participación profesional de personal administrativo, procesadores y correctores de textos, diseñadores e impresores, en carácter de empleados o contratistas externos, a quienes agradecemos personificando en alguien que para muchos es la cara actual de la revista: Paula Blanco, la secretaria del comité editorial, que contesta el teléfono, responde los mails, transmite las opiniones del comité editorial y hace milagros para dejar a todos contentos.

Queremos, sin embargo, hacer una excepción a no mencionar nombres, por la magnitud de su influencia en la vida de Ciencia Hoy: Patricio J Garrahan (1937-2011), médico, investigador en biofísica, profesor emérito de la UBA e investigador superior del Conicet, que contribuyó a definir y expresó con particular lucidez los propósitos y esfuerzos comunes. Presidió la institución por dieciséis años e integró el comité editorial por veinte. Imprimió a la Asociación Ciencia Hoy y a la revista muchos de sus valores, que constituyen nuestro más precioso patrimonio, que tenemos la responsabilidad de conservar, fortalecer y transmitir a nuestros sucesores.

Celebramos los primeros treinta años con 162 números bimestrales, en los que unos 1500 científicos (en su mayoría argentinos) publicaron unos 1800 artículos. La mirada al futuro, propia de todo aniversario institucional, siempre incluye ideas de renovación y proyectos que marcan nuevos rumbos. Entre estos se cuenta, en primer lugar, la concreción de un viejo anhelo: sacar una revista paralela para niños. Al ver la luz esta entrega de Ciencia Hoy aparece el décimo número de la revista Chicos. Asimismo, tenemos en avance un análisis de la factibilidad de usar el medio electrónico para incrementar la difusión del mensaje y el contenido de la revista, incluido el diseño de una nueva página en internet, que está en marcha. Hemos comenzado a poner en valor el enorme capital acumulado en forma de un valioso stock de artículos publicados que cubre el espectro completo de las ciencias; para hacerlo, estamos recopilándolos en volúmenes temáticos, de los que han aparecido los primeros tres, Ciencias del mar, Ciencias agropecuarias y Ciencias antropológicas y sociedades precolombinas. Un reciente acuerdo de reciprocidad de publicación de artículos con la revista francesa La Recherche nos coloca en un interesante sitial de reconocimiento internacional.

Igual que en su historia pasada, esos proyectos dependen de que encontremos la forma de financiarlos, una tarea que nos ocasionó más de un dolor de cabeza en todos estos años y seguramente seguirá ocasionándolos en el futuro. Pero a cada dolor de cabeza siempre siguió un alivio: tuvimos avisadores que se mantuvieron incólumes durante prácticamente todo el treintenio, como el grupo empresario Techint; el lugar de la desaparecida Fundación Antorchas fue ocupado en distintos momentos por renovados apoyos del Conicet y de los ministerios de Educación y de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, y en tiempos más recientes el programa de Mecenazgo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por un camino novedoso en nuestro medio, sumó su valioso aporte. Como telón de fondo y fuente de fortaleza, estuvieron presentes en forma permanente los lectores, cuya fidelidad y confianza proporcionaron un crucial sustento material y moral a lo largo de estos treinta años. ¡Feliz aniversario!

 La producción de Ciencia Hoy, que dirige el comité editorial, se encuadra en el marco institucional que le proporciona la asociación civil sin fines de lucro del mismo nombre, gobernada por una comisión directiva controlada por dos revisores de cuentas y, en última instancia, por la asamblea de socios y por la Inspección General de Personas Jurídicas. Durante el período presidieron la institución Roberto Perazzo, del 16 de mayo al 31 de diciembre de 1989; Patricio Garrahan, del 1 de enero de 1990 al 3 de diciembre de 1993; Juana Pasquini, del 1 de enero de 1994 al 31 de diciembre de 1995; Patricio Garrahan, del 1 de enero de 1996 al 31 de diciembre de 2007; Carlos Abeledo, del 1 de enero de 2008 al 31 de diciembre de 2009, y Pablo E Penchaszadeh, del 1 de enero de 2010 al presente.

Casi once años después de su creación, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva ha pasado a convertirse en una Secretaría de Gobierno, dependiente del Ministerio de Educación. En su momento, Ciencia Hoy interpretó la creación del ministerio como el signo de una política que avanzaría en dirección del anhelado deseo de convertirnos en un país que se apoye en la ciencia (y no que solo apoye a la ciencia, como decía Marcelino Cereijido). Decidida en un contexto de restricción presupuestaria que afecta severamente al conjunto de la actividad científica, la reciente degradación a Secretaría reaviva temores que no son nuevos en la comunidad científica. Como ejercicio de memoria transcribimos a continuación fragmentos del editorial de la revista publicado en diciembre de 2000-enero de 2001, que alertan sobre problemas de la administración y financiación de la actividad científica para los que todavía el país no ha encontrado solución.

La ciencia argentina: termina un año perdido y comienza uno incierto

Con la aparición de este número, el último del corriente año 2000, se completan el sexto volumen y doce años de vida de Ciencia Hoy. También el gobierno de la Alianza llega al fin de su primer año de gestión. La situación, pues, nos parece propicia para esbozar un balance de lo realizado en esos doce meses por los organismos nacionales que se ocupan de la ciencia y la tecnología, y así volver a examinar, con una mirada más general, un asunto que fue tema de todos los editoriales de los correspondientes seis números de la revista. Quien los relea en orden cronológico advertirá que su tono se hizo crecientemente crítico y su visión cada vez más negativa. Esta visión parece ser compartida, en una poco frecuente muestra de coincidencia, por casi todos los sectores del quehacer científico local, cuya reacción desfavorable llevó a que en el curso de 2000 el periodismo dedicara un espacio sin precedentes a los problemas de la ciencia en la Argentina.

Una explicación simplista del malestar de los científicos, que serviría de defensa fácil de las autoridades ante las críticas de las que son objeto, es sostener que las dificultades de la investigación son irremediable consecuencia de la deteriorada situación fiscal. Si bien no puede negarse la incidencia de este factor, no es la única causa de tales dificultades, ni siquiera la más importante. Más peso tiene, a nuestro juicio –y ello posiblemente sea lo que más alarme a los científicos–, la peligrosa asociación de la indiferencia imperante en las esferas más altas del gobierno acerca de la ciencia y la tecnología, con la falta de rumbo que se infiere de las políticas proclamadas y las acciones ejecutadas por los organismos oficiales del sector. Para muchos, las restricciones presupuestarias más que causa son consecuencia y prueba objetiva de la falta de interés oficial por el desarrollo científico. [...]

Es casi un lugar común decir que el principal sustento de la prosperidad de una nación, su posibilidad de participar con éxito en la economía globalizada y de proporcionar un nivel de vida adecuado a toda su población reside en su capacidad de producir, transformar y organizar el conocimiento. Si ella se pierde, es difícil lograr que un país sea un actor importante en la economía global e impedir la marginación de sectores amplios de su población. En ocasiones anteriores Ciencia Hoy ha sostenido que un sistema científico subfinanciado y arbitrario no desaparece sino que involuciona y se torna mediocre, inútil y refractario a toda mejora. En la Argentina se hace todavía investigación de calidad, que contribuye no solo a la empresa internacional de creación del conocimiento sino, también, al bienestar de la población. Para poder vivir en un país civilizado, por no decir moderno, esa investigación no puede abandonarse. La revista ha tratado de transmitir esta idea en los sesenta números que lleva publicados. Esperamos que las autoridades la entiendan y reemplacen su discurso errático y las más de las veces vacío por señales claras y objetivas de que, a pesar de las limitaciones impuestas por una difícil situación de las finanzas públicas, existe un genuino interés por que la ciencia sobreviva en la Argentina.