Un tsunami no reconocido en Mar del Plata

por , , para Ciencia Hoy el . Publicado en Número 162.

Investigaciones realizadas en la última década arrojan luz sobre el origen de los tsunamis registrados en las costas marinas o en aguas interiores argentinas, incluido un episodio acaecido hace 64 años en Mar del Plata.

Poco después de las 11 de una calurosa mañana de verano, el jueves 21 de enero de 1954, tres enormes olas que llegaron seguidas hicieron ascender un metro el nivel de las aguas costeras en Mar del Plata. La fuerte corriente hacia la costa inundó una franja ribereña seca de unos 50m de ancho, los espigones quedaron sumergidos a pesar de encontrarse la marea en media bajante, una lancha estuvo a punto de naufragar a causa de un remolino originado bajo su quilla y, cerca de la orilla, los bañistas en un mar hasta entonces apacible quedaron sin hacer pie mientras quienes correteaban por la playa fueron barridos por el oleaje. El fenómeno afectó sobre todo las playas Popular y Bristol, pero se constató a lo largo de los 3,5km que separan Punta Iglesia de Playa Chica. Once personas necesitaron ser socorridas debido a principio de asfixia por inmersión, y más de un centenar, atendidas por haber sufrido contusiones diversas. Luego de unos minutos el mar recobró su calma, con toda clase de objetos de playa flotando en sus aguas.

Basándose en las características geológicas del fondo del océano Atlántico y de sus costas, un informe técnico de la entonces Dirección General de Navegación e Hidrografía del Ministerio de Marina descartó que el hecho hubiese sido causado por un ‘maremoto’. Lo atribuyó a la concurrencia de tres factores:

  • Una serie coincidente de olas de pequeña altura y rápida sucesión provocaron tres olas de gran altura que se sucedieron en intervalos de aproximadamente cinco segundos.
  • Un ascenso gradual de un metro del nivel del mar en seis minutos.
  • Un mar muy tranquilo, por el cual las olas rompían prácticamente sobre la orilla, descargó la totalidad del agua de estas sobre playa firme.

A la luz de los progresos de la geología y la oceanografía en los 64 años transcurridos desde lo relatado, ¿es aceptable esta explicación? ¿A qué hipótesis alternativa recurriríamos hoy?

Tsunamis y maremotos

El término japonés tsunami (literalmente, ola de puerto) fue adoptado internacionalmente por la comunidad científica –en la reunión de la Unión Internacional de Geodesia y Geofísica celebrada en Hawái en 1961– para designar una serie de ondas de tamaño variable producto del desplazamiento en sentido vertical de una gran masa de agua. En zonas oceánicas profundas, pueden tener una longitud de onda de entre algunas decenas de metros y cientos de kilómetros, un período de onda de entre pocos minutos y varias horas, una velocidad de propagación de 100 a 1000km por hora, y una altura de onda generalmente inferior al metro. En aguas costeras someras, la velocidad disminuye, las ondas se amplifican, ganan altura (pero no siempre la primera ola es la más alta) y pueden superar los 30m al romper.

Un tsunami puede tener diferentes formas al llegar a la costa, según, entre otros factores, el tamaño y período de las ondas, el estado de la marea, las profundidades o batimetría y la morfología litoral. Con frecuencia, una disminución del nivel del mar, por el que este puede retroceder hasta o más de un kilómetro, precede a la llegada de las enormes olas. Otras veces el tsunami se aproxima como una pared vertical de agua turbulenta con desechos del fondo marino. También es posible que tome la forma de una rápida marea creciente, y los tsunamis de pequeña altura pueden ir acompañados de fuertes e inusuales corrientes costeras.

Playa Popular, 1949. Biblioteca Nacional

Playa de los Ingleses, 1959. La Capital, Mar del Plata.

Playa Bristol, 1955. AGN

Playa Chica, 1950. La Capital, Mar del Plata.

Se habla de teletsunamis si se originaron a más de 1000km del lugar en el que aparecieron o viajaron por más de tres horas; de tsunamis regionales si resultaron causados a entre 100 y 1000km o tuvieron una demora en llegar de entre una y tres horas, y de tsunamis locales si su origen estuvo a menos de 100km o tuvo un desplazamiento inferior a una hora.

El término maremoto, usado en el citado informe oficial y de empleo corriente entonces, es visto por algunos como sinónimo de tsunami, si bien este último concepto es más general en lo que respecta al origen y medio de propagación de las ondas, pues tsunami es aplicable a cualquier cuerpo de agua y su origen no está etimológicamente restringido solo a violentas sacudidas del fondo del mar provocadas por sismos y erupciones volcánicas explosivas.

La ciudad y las playas centrales de Mar del Plata. Mapa dibujado sobre la base de un plano de LJ Rosso, 1950.

Causas de los tsunamis

Más del 80% de los tsunamis importantes registrados en el mundo fueron el efecto de sismos, por lo que en los medios y en la mente del público terremotos y tsunamis están firmemente asociados. Sin embargo, también pueden causar tsunamis los deslizamientos en los fondos marinos de grandes volúmenes de roca o material no consolidado, llamados procesos de remoción en masa, las erupciones volcánicas, los cambios bruscos en las condiciones meteorológicas, el impacto de meteoritos y hasta las explosiones nucleares.

Para que un sismo genere un tsunami es necesario que tenga su hipocentro a poca profundidad (menos de 70km), que se produzca cerca de la costa y que sea de gran magnitud, por lo común superior a 6,4 en la escala de momento sísmico (Mw) –una escala que data de la década de 1970 y resulta más satisfactoria que la más conocida de Richter, establecida en la década de 1930–. Estas condiciones aparecen principalmente en ciertos sitios de encuentro de dos placas tectónicas llamadas bordes de subducción. Pero, aun con esas características, un sismo podría no desencadenar un tsunami, ya que estos son fenómenos complejos, dependientes de varios factores. Ello es válido también para los demás procesos generadores de tsunamis.

Acerca de tsunamis registrados en aguas argentinas, se piensa que oscilaciones en las aguas del Río de la Plata detectadas a bordo de una embarcación, el Saturno, en la madrugada del 5 de junio de 1888, sobre las que informó el diario La Lucha, de Colonia, se debieron a un sismo de magnitud superior a Mw 5 con epicentro en el Río de la Plata entre dicha ciudad y Buenos Aires e hipocentro a poca profundidad. Más recientemente, en los mareógrafos de la costa atlántica bonaerense se pudieron advertir ondas de alturas no mayores de 27cm, vestigios del tsunami provocado por un sismo (Mw 9,1-9,3) acaecido en Sumatra el 26 de diciembre de 2004.

Señalización preventiva en la ciudad de Iquique, hoy común en lugares con alto riesgo de tsunami.

A pesar de que, frente a las costas argentinas y a gran distancia mar adentro, existen bordes de separación de placas tectónicas –denominados bordes de expansión– que presentan una frecuente sismicidad de baja magnitud, se identificaron vestigios de un posible tsunami de hace alrededor de 1500 años en el noroeste de las islas Malvinas, originado por un probable sismo en la dorsal mesoatlántica, aunque también pudo haberse debido a un deslizamiento submarino en dicha dorsal. El 17 de diciembre de 1949 se registraron oscilaciones rítmicas en las aguas del lago Fagnano, consecuencia de un sismo de magnitud Mw 7,8 con epicentro al oeste de la isla Grande de Tierra del Fuego. Otro sismo de magnitud Mw 7,3 ocurrido el 4 de agosto de 2003, con epicentro a unos 70km al este-
noreste de la base Orcadas, en la Antártida, e hipocentro a 10km de profundidad, produjo un pequeño tsunami que fue amortiguado por el extenso campo de hielo marino existente en esa época del año.

Las principales fuentes de posibles tsunamis en esa zona austral se encuentran en bordes de subducción situados en las Shetland del Sur y en las Sándwich del Sur. En el sector de las segundas, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró entre 1921 y 2017 por lo menos cincuenta sismos de magnitudes iguales o mayores a Mw 6,4 e hipocentros a menos de 62km de profundidad, los cuales al parecer no ocasionaron tsunamis. No obstante, hay evidencias de que en los últimos 6000 años probablemente acontecieron en Tierra del Fuego tres de tales fenómenos, posiblemente originados en ese sector.

Los procesos de remoción en masa ocasionaron alrededor del 10% de los tsunamis registrados en el mundo. Se originan bajo las aguas o fuera de ellas y dejan marcas, llamadas cicatrices, que facilitan su identificación. Es factible que en los escarpados fiordos de la isla de los Estados o en las Georgias del Sur se produzcan dichos procesos y generen tsunamis. El 22 de mayo de 1960 acaecieron deslizamientos subacuáticos en el lago Nahuel Huapi que provocaron grandes olas sobre la costa de San Carlos de Bariloche. Estas destruyeron el antiguo muelle, hundieron embarcaciones menores y mataron a dos personas. El deslizamiento fue consecuencia de un fuerte terremoto sobrevenido ese día, el mayor registrado instrumentalmente (Mw 9,5), cuyo epicentro estuvo en las cercanías de la ciudad de Valdivia y afectó severamente, entre otras, dicha ciudad, Puerto Montt, Ancud, Castro y Corral, en la zona centro-sur de Chile.

También las erupciones volcánicas submarinas, en islas o cercanas a la costa, y los procesos asociados con ellas, como el colapso de los flancos del volcán y flujos piroclásticos en el mar, pueden generar tsunamis. Esto podría suceder en futuras erupciones en las islas Sándwich y Shetland del Sur, en las últimas de las cuales, en marzo de 1962, hizo erupción en forma explosiva el volcán submarino Protector Shoal. Se desconoce si el nutrido flujo submarino que provocó generó un tsunami local.

Perturbaciones como ondas de gravedad atmosféricas, bruscas variaciones de presión, sistemas frontales de tormenta o violentas ráfagas de viento pueden generar meteotsunamis. En la costa bonaerense, entre Necochea y el cabo San Antonio, ello sucede recurrentemente, pero el ascenso del mar es pequeño, con alturas de olas del orden de los 15 a 20cm.

Esquema simplificado de la generación de un tsunami tras un desplazamiento de bloques de la corteza oceánica en un borde de subducción.

La caída de meteoritos en el océano puede generar enormes tsunamis, de los que no existen registros de tiempos históricos, pero sí del pasado geológico. Así, una capa de roca arenisca de entre unos 15 y 25cm de espesor ubicada en la cuenca neuquina –una depresión geológica que cubre buena parte de la provincia del Neuquén– se considera el resultado del depósito de sedimentos dejado por el tsunami que desencadenó hace 65 millones de años un descomunal meteorito caído en la actual península de Yucatán, responsable de la extinción de los dinosaurios.

Tsunamis de origen antrópico podrían resultar de explosiones nucleares submarinas que liberen súbitamente una enorme cantidad de energía en un espacio reducido. No existe registro conocido de pruebas de este tipo cercanas de las costas argentinas.

Un tsunami en Australia

Un hecho similar al ocurrido en Mar del Plata, pero de mayor magnitud, aconteció el 6 de febrero de 1938 en Bondi Beach, en los suburbios de Sídney. Cerca de las 15, una rápida sucesión de tres olas golpeó esa playa y, en apenas veinte minutos, aproximadamente 250 personas fueron rescatadas del mar. Cinco perecieron ahogadas. Si bien este incidente fue el más notorio, en la costa este de Australia se documentaron varias grandes olas de origen desconocido en días tranquilos y despejados. Podrían haber sido tsunamis locales producto de deslizamientos submarinos en las empinadas pendientes de la plataforma continental. Se ha identificado más de un centenar de posibles cicatrices de tales deslizamientos.

¿Qué pudo haber ocurrido 
en Mar del Plata?

Algunos indicios permiten suponer que pudo haberse tratado de un suave tsunami local o regional. Según la escala cualitativa de Sieberg-Ambraseys, que categoriza de 1 (muy suave) a 6 (desastroso) las intensidades de los tsunamis por sus efectos, tuvo categoría 2 (suave), pues fue percibido claramente por los bañistas.

Ni el Instituto Nacional de Previsión Sísmica ni el USGS registraron sismos submarinos significativos ese día, lo que descarta la hipótesis del terremoto submarino. Tampoco se registraron erupciones volcánicas explosivas ni caídas de meteoritos, lo cual también excluye ambas posibilidades. Igualmente, no se tiene noticias de ensayos nucleares en el océano. Solo restan como posibles causas de un tsunami un proceso de remoción en masa o una perturbación atmosférica. Existen evidencias de cicatrices en el talud que forma el borde de la plataforma continental argentina del lado oceánico y de depósitos de materiales acumulados al pie de este. Sin embargo, comprobar si ese día ocurrió un fenómeno como el señalado es altamente complejo: se necesitarían datos batimétricos de alta resolución y muestras de sedimentos de zonas profundas del océano. La datación y el análisis petrográfico y geoquímico de estas permitiría calcular su edad, determinar la magnitud de la remoción y establecer el potencial del proceso para provocar un tsunami.

Finalmente, está la posibilidad de que el tsunami haya tenido origen atmosférico. Ese día, los datos de presión atmosférica en el nivel del mar brindados por la National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos (NOAA) indican que hubo en la región un sistema frontal de tormenta propagándose hacia el este. Tanto por observaciones de campo como por modelado numérico se ha verificado que, asociados con tales sistemas frontales, se propagan ondas de gravedad atmosféricas sobre la región costera bonaerense. Tales ondas, imperceptibles para la gente, se caracterizan por fluctuaciones de presión atmosférica de entre 2 y 3 hectopascales en lapsos de entre unos pocos minutos y hasta unas tres horas; estudios numéricos realizados en el Servicio de Hidrografía Naval establecieron que son capaces de generar meteotsunamis de varias decenas de centímetros de altura en la región costera bonaerense.

Placas tectónicas y sismicidad. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, entre 1921 y 2017, en la región lindante a las costas argentinas se registraron 110 sismos –indicados por los círculos blancos– con hipocentros a menos de 70km de profundidad y magnitud igual o superior a Mw 6,4. Se advierte que estuvieron concentrados en el Atlántico sur y los mares antárticos, que resultan así el origen más probable de tsunamis que alcanzaron dichas costas. En la imagen se señalan también los sismos de Valdivia y del Río de la Plata mencionados en el texto.

Esquema de la interacción de placas tectónicas según el tipo de borde en sus zonas de encuentro.

Actualmente se está investigando en el Servicio de Hidrografía Naval la posibilidad de que esas ondas atmosféricas puedan generar ondas marinas superiores a 1m. Resultados preliminares indican que si su dirección, velocidad de propagación, amplitud y periodicidad alcanzaran determinados valores, podría producirse una resonancia en la plataforma continental interior que cause una fuerte amplificación de la onda oceánica. Esto permite suponer que el episodio del 21 de enero de 1954 no fue un maremoto, según la definición clásica, y que es altamente probable que haya sido un tsunami provocado por causas meteorológicas.

Lecturas Sugeridas

BEIGT D et al., 2003, ‘El lago Nahuel Huapi: un registro de erupciones, deslizamientos y tsunamis’, Ciencia Hoy, 130: 50-56.
BUJALESKY GG, 2012, ‘Tsunami overtopping fan and erosive scarps at Atlantic Coast of Tierra del Fuego’, Journal of Coastal Research, 28, 2: 442-456.
COMISIÓN OCEANOGRÁFICA INTERGUBERNAMENTAL, 2013, Glosario de tsunamis, Unesco, París.
DRAGANI WC et al., 2011, ‘Tide gauge observations of the Indian Ocean tsunami, December 26, 2004, at the Río de la Plata estuary, Argentina’, en NILS-AXEL MA, The Tsunami Threat. Research and Technology, pp. 355-370, In-Tech, Viena, accesible en https://www.intechopen.com/books/the-tsunami-threat-research-and-technology/tide-gauge-observations-of-the-indian-ocean-tsunami-december-26-2004-at-the-rio-de-la-plata-estuary.
DRAGANI WC et al., 2009, ‘Vulnerability of the Atlantic Patagonian coast to tsunamis generated by submarine earthquakes located in the Scotia Arc region. Some numerical experiments’, Natural Hazards, 49, 3: 437-458.

Rubén A Medina

Licenciado en geología, FCEN, UBA. Licenciado en geografía, FFYL, UBA. Profesor adjunto, Facultad de Ingeniería, UBA. Auxiliar docente en la FCEN, UBA. medinaruben01@yahoo.com.ar

Walter C Dragani

Licenciado en oceanografía, ITBA. Doctor en ciencias de la atmósfera, FCEN, UBA. Investigador independiente del Conicet en el Servicio de Hidrografía Naval. Profesor asociado, Departamento Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, FCEN, UBA. dragani@hidro.gov.ar

Roberto A Violante

Licenciado en geología, UNLP. Doctor en ciencias naturales, UNLP. Integrante del grupo de Geología Marina, Servicio de Hidrografía Naval. violante@hidro.gov.ar