Enemigos íntimos

por para Ciencia Hoy el . Publicado en Grageas, Número 163.

La bacteria Staphylococcus aureus es un microorganismo que puede producir una amplia gama de enfermedades, desde muchas benignas hasta algunas que comprometen la vida, como meningitis o neumonía. Se estima que habita en simbiosis y sin producir dolencias en una de cada tres personas, con las que mantiene una relación de huésped con hospedador.

Que normalmente no sea el origen de enfermedades infecciosas se debe a que los microorganismos que cohabitan con nosotros forman parte de un ecosistema complejo en equilibrio, en el que cada integrante está sujeto a variables ambientales, a la acción de nuestro sistema inmunológico y a la actividad de los otros microorganismos. Podemos suponer, por ello, que las infecciones se vuelven patológicas cuando el cambio de alguna variable desestabiliza dicho estado de equilibrio, por ejemplo, cuando se altera la relación huésped-hospedador.

Imagen coloreada de microscopio electrónico del bacteriófago T4, que infecta a la bacteria E. colli. Mide unos 200 nanómetros de alto.

S. aureus es parte de un grupo de bacterias llamadas grampositivas, cuya membrana o pared, además de formar una barrera de protección, está tapizada por unas moléculas que son reconocidas por el sistema inmunológico. Este, en consecuencia, impide la proliferación de la bacteria. Dicho reconocimiento, sin embargo, no se produce en ciertas cepas de S. aureus resistentes a antibióticos, las cuales generan serios problemas de salud pública debidos a las infecciones intrahospitalarias y a los brotes epidémicos que provocan.

Una investigación reciente realizada en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard concluyó que la capacidad de ciertas bacterias de evadir ser reconocidas por el sistema inmune se debe a cambios en la composición de las mencionadas moléculas de la superficie bacteriana. Uno de esos cambios fue constatado en bacterias infectadas por un virus. A la acción de tales virus, conocidos como bacteriófagos o fagos, se refiere la gragea anterior. En el caso particular de S. aureus, la infección viral hace aparecer en las bacterias una enzima capaz de modificar las moléculas de su membrana, con lo que dejan de ser reconocidas por el sistema inmune.

El trabajo de los investigadores de la universidad estadounidense muestra que el frágil equilibrio entre huésped y hospedador puede romperse por efecto de terceros con, por así decirlo, agenda propia. También enfatiza la necesidad de entender mejor estos complejos ecosistemas para el tratamiento de enfermedades infecciosas, en los que, como dicen los nombrados en el título del artículo sobre su estudio, a veces el enemigo de nuestro enemigo no es nuestro amigo.

Más información en GILMORE MS y MILLER OK, 2018, ‘A bacterium’s enemy isn’t your friend’, Nature, 563: 637-638.

Federico Coluccio Leskow

fedocles @gmail.com