Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 62.

PIERRE SCHAEFFER (1917-1998)

Muchos en este país somos deudores de la escuela de microbiología del Instituto Pasteur de París. Pierre Schaeffer fue uno de sus integrantes. Fue un brillante pero modesto microbiólogo cuyo nombre quedó asociado con la esporulación, es decir, al proceso por el cual las bacterias forman esporas, células resistentes a la mayoría de las agresiones físicas, químicas y ambientales. En su laboratorio, también, se iniciaron en 1975, en colaboración con el genetista norteamericano Rollin Hotchkiss, los estudios de fusión de protoplastos (bacterias sin pared), que han permitido postular un modelo de inactivación epigenética (ausencia de expresión de uno de sus genomas, como ocurre en las células de mamíferos hembra con uno de sus cromosomas sexuales X).

Como les sucedió a muchos de sus contemporáneos, la guerra retrasó su carrera. Después de recibirse de médico, inició su formación en la investigación científica. Realizó su tesis doctoral en el Pasteur bajo la dirección de André Lwoff, durante una época efervescente de lo que por ese entonces se empezaba a llamar biología molecular. Algunos de sus compañeros de laboratorio fueron François Jacob, Jacques Monod, Elie Wollman, Robert Lavallée, Melvin Cohn, Hélène Ionesco, Jean Paul Aubert y George Cohen. Los dos primeros, junto con Lwoff, recibieron el premio Nobel de medicina en 1965 por su contribución al conocimiento de la lisogenia, el proceso por el que un virus bacterial o bacteriófago infecta a bacterias y es transmitido a las siguientes generaciones de estas exclusivamente por la división celular del huésped. Schaeffer hizo su tesis doctoral, que presentó en la Sorbona en 1960, sobre la esporulación de la muy difundida bacteria Bacillus subtilis, habitual contaminante de cultivos de laboratorios (arruinó muchos experimentos al propio Pasteur) e importante para diversos procesos industriales.

A Schaeffer le debemos haber establecido una gran colección de mutantes y realizado su ordenamiento genético y morfológico en función de sus estadios de diferenciación. Antoinette Ryter hizo bajo su dirección los estudios de microscopía electrónica que definieron las etapas morfogenéticas del proceso de diferenciación. Esos estudios, que incluyeron un modelo de regulación secuencial, sentaron las bases para la comprensión de procesos de diferenciación celular tanto en procariotas como en organismos superiores.

En 1968 Schaeffer fue nombrado profesor de microbiología en la Facultad de Ciencias de la universidad París XI. Desde entonces a 1986 dirigió también el Instituto de Microbiología de Orsay, en el que estableció una dirección colegiada que permitió el desarrollo de varios grupos de investigación. Por dicho instituto, y en particular por su laboratorio, pasaron numerosos científicos franceses y extranjeros, como George Balassa, Richard Losick, Abraham Sonenschein, Ken Blot, Maury Fox, Glen Chambliss, Richard Novick, Rollin Hotchkiss, Magda Gabor, Laszlo Alfoldi, Patrick Piggot y Howard Rogers, además de los firmantes de esta carta. En mayor o menor grado fueron discípulos suyos, entre otros, Janine Guespin, Brigitte Cami, Jean Brevet, Felipe Moreno, Jean Pierre Bohin, Patrick Stragier, Corinne Lévi, Céline Karmazyn y Victor Norris. Su humor, su modestia y su honestidad son recordados por todos con nostalgia y cariño.

Alberto Díaz, Luisa Hirschbein y
Carmen Sánchez de Rivas
FCEyN (UBA)

CORRECCIÓN

Como uno de los autores de “La vaca ñata: una pregunta genética sin responder”, publicado en el número 59 de Ciencia Hoy, de octubre/noviembre 2000, escribo para señalar un error que se deslizó en la segunda columna de la página 32, donde dice que: ...las vacas ñatas no fueron mencionadas por reconocidos naturalistas, como Azara y D’Orbigny, que describieron detalladamente la región a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Darwin, sin embargo, en Variations of Animals and Plants under Domestication (vol. II, p. 94, John Murray, Londres, ed. 1921), escribió: The first brief published notice of this race (niata o ñata) was by Azara, between the years 1783-96; but don F. Muñiz, of Luján, who has kindly collected information for me, states that about 1760 these cattle were kept as curiosities near Buenos Aires. Their origin is not positively known, but they must have originated subsequently to the year 1552, when cattle were first introduced. (La primera breve noticia publicada de esta raza fue por Azara, entre 1783-96; pero don F. Muñiz, de Luján, que amablemente me juntó información, manifiesta que por 1760 esa hacienda se criaba como una curiosidad cerca de Buenos Aires. Su origen se desconoce a ciencia cierta, pero se debe haber originado después de 1552, cuando se introdujo por primera vez ganado vacuno).

Guillermo Giovambattista
Facultad de Ciencias Veterinarias, UNLa Plata

CUEVAS EN PELIGRO

Desde 1996, el Grupo Espeleológico Argentino realiza tareas científicas en las sierras Bayas de Olavarría, de las que también se extraen comercialmente varias rocas, entre ellas las dolomitas, unas piedras de color amarillento y origen sedimentario usadas como revestimiento en edificios. Por sus características químicas, las aguas de lluvia o friáticas las horadan y forman cuevas, lo que origina un relieve en el que el agua superficial (por ejemplo la de ríos) desaparece en el suelo y surge en otro lugar. Se habla de paisaje kárstico o, simplemente, de Karst, término que proviene de Eslovenia y es ampliamente utilizado en la espeleología, es decir, en el estudio de las cavernas.

Nuestra entidad venía realizando estudios para preservar el área kárstica dolomítica de las sierras Bayas, única en la provincia. Analizábamos la posibilidad de utilizar algunas cuevas para turismo y para fines didácticos, tanto para la formación de investigadores como para escolares. Pero la acción de quienes explotan las canteras, ajena a los actuales conceptos y aun a las normas de la protección ambiental y la conservación del patrimonio natural, y poco sensible a tales preocupaciones, así como el desinterés de la dirección provincial de Minería, llevaron a la destrucción de dos cavidades y a la modificación irreversible de otras dos. Los reclamos ante dicha dirección no han tenido respuesta. Nadie se hace cargo de las consecuencias de acciones emprendidas por quienes explotan las canteras solo mirando el beneficio pecuniario. La ciencia y la actividad económica no deberían ser enemigas, pues se necesitan mutuamente. Pero un uso irracional y egoísta del ambiente las enfrenta. La pérdida de una parte del paisaje, sea este imponente o modesto, nos priva a todos de posibilidades de fantasía y conocimiento.

Silvia Barredo
Grupo Espeleológico Argentino

MÁS SOBRE EL USO DEL ARTÍCULO

Comparto lo expresado por el lector Carlos María Zaccaro en la carta publicada en número 60 de Ciencia Hoy sobre el uso del artículo antepuesto al nombre científico de una bacteria. También me permito manifestar mi desacuerdo con la respuesta del comité editorial. En primer lugar, el latín, madre de todas las lenguas romances, carece de artículos. Cuando se traduce del latín al castellano, se suplen los artículos donde corresponde. Si se reproduce un vocablo o frase latina sin traducción, no es lícito usar artículos. Podría admitirse el uso de artículos como licencia literaria, pero en el lenguaje científico no se permiten licencias. Es evidente que en la redacción de la respuesta al lector Zaccaro no intervino un taxónomo. En los trabajos taxonómicos que se publican en castellano jamás se encontrará un nombre científico de planta o animal que lleve antepuesto un artículo.

Los editores dicen que los nombres científicos son nombres comunes. Por el contrario, son nombres tan propios como el nombre y apellido de cualquier persona. Uno antepone el artículo cuando menciona el nombre común o vulgar de una planta o animal, y así dice la cabra montés o el pasto llorón, pero no la Capra ibex o el Eragrostis curvula. Tengo la impresión de que el redactor de la respuesta confundió el nombre genérico en castellano, que María Moliner remite a nombre común, con el nombre genérico en taxonomía. Y de aquí que diga que los nombres científicos de los géneros son nombres comunes. De paso, señalo que María Moliner conocía a fondo el idioma castellano, pero no el científico. Los editores apelan a las opiniones de Manuel Seco en un intento de justificar el desatino de considerar a los nombres científicos como comunes y afirma que Ciencia Hoy, como revista de divulgación, trata de ajustarse a los usos aceptados del idioma culto. Pero idioma culto no incluye al lenguaje científico, que es utilizado solamente por una pequeña fracción de la humanidad, y cuya divulgación es una de las responsabilidades de esa revista. En taxonomía vegetal o animal rigen normas dictadas en congresos internacionales cuya estricta aplicación es obligatoria para todos los científicos del mundo, independientemente de su especialidad, así como rigen normas similares para químicos y físicos, que también deben ser respetadas por botánicos y zoólogos. Realmente, la vida sería más placentera si las personas se limitaran a hablar exclusivamente de lo que verdaderamente saben.

Ovidio Núñez
Manuel Gonnet,
Buenos Aires

Acerca del tema en discusión, los editores consultaron por escrito a quienes, tal vez, sean considerados entre los que verdaderamente saben, es decir, a la Real Academia Española. Su respuesta fue, literalmente: Los nombres científicos de plantas y animales, compuestos de dos palabras que indican el género y la especie, se utilizan con artículo. No son exactamente nombres propios (aunque el nombre del género se escriba con mayúscula) y suelen utilizarse con valor genérico (nombran a una clase de individuos). El uso apropiado es el siguiente: El Haemophilus influenzae es el causante de...

Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 59.

VULGARES ERRORES Y DUDAS

Coincido plenamente con las reflexiones que contiene el artículo "¿Divulgación científica o 'vulgarización' de la ciencia?" aparecido en el número 57. Se cometen barrabasadas ortográficas, de estilo y, por supuesto, de fondo. Uno no esperaría verlas en publicaciones como Ciencia Hoy, pues, como dice el autor de esa nota, uno de los remedios sería "poner la divulgación en manos de personas con suficiente preparación científica". Y sin embargo, a pesar de que tales personas parecen estar presentes en el equipo de la revista, los desatinos no han desaparecido, posiblemente porque falta buen corrector de pruebas. Irónicamente, en el mismo número 57, incluso en el comentado artículo de Tonni, hicieron su aparición. Así, en la página 53, arriba, se reproduce un texto en el que se lee Gigantosaurus carolinii para identificar a un dinosaurio. El nombre está mal escrito, como lo señala la leyenda incluida a la derecha de la ilustración, pues debió decir Giganotosaurus carolinii. Pero esa leyenda, al querer señalar el error, lo reprodujo mal y en vez de poner Gigantosaurus, como se lee, puso Gigantosaurius. En otra nota, en la página 58, se cita un cuadro que está en la 59 y se dice que su título es "Composición...". Sin embargo, el cuadro se titula "Comparación...". Y en la página 61 se indican los componentes de una solución acuosa nutritiva para hacer experimentos en el suelo marciano. Uno de ellos es "Fórmico, un ácido...". A la vuelta de página, en el recuadro, se afirma que el agua oxigenada de la superficie de Marte puede "oxidar al formato [de] la solución nutritiva". El público general al que está dirigida la revista no tiene por qué saber que el "formato" es una sal del ácido fórmico que estaba en la solución nutritiva. Ni que su nombre correcto es formiato en lugar de formato. Está claro para mí que estos errores no son producto de la ignorancia sino de una composición apresurada y una corrección descuidada o inexistente. Por último, en la página 12, donde se habla de Caenorhabditis elegans y de pez cebra se podría interpretar que se trata de la misma especie. ¿Es así? El primer nombre corresponde a un gusano nematodo de 1mm de largo y no a un pez. ¿Podría aclararse la duda?

Carlos María Zaccaro
Buenos Aires

Tiene razón en todo el lector Zaccaro, incluso en su piadosa suposición -que le agradecemos- de que falló la corrección de los textos y no la sabiduría de los autores. En cuanto al pez cebra, no es el nombre vulgar del nematodo C. elegans, como pudo parecer, sino, efectivamente, un pez. Para evitar la ambigüedad de la frase, debimos haber puesto también su nombre científico, que es Brachydanio rerio (familia Cyprinidae; orden Cypriniformes). Se trata de un pececillo de agua dulce, originario del Asia, de unos 4cm de largo, con franjas longitudinales de color plateado y azul oscuro (de ahí lo de cebra), muy popular para acuarios, además de objeto adecuado de investigación biológica.

Me permito hacer dos observaciones sobre la nota aparecida en el número 57 de Ciencia Hoy con el título de "El poblamiento de América", escrita sobre la base de un artículo mío publicado en Ciência Hoje en 1999. Me gustó ver mi nombre al lado del de Gustavo Politis, que escribió un complemento muy útil a mi texto. La primera observación es que los sitios arqueológicos de Lapa Vermelha, Santana do Riacho y Boquete se encuentran en el estado de Minas Gerais y no en el de Mato Grosso (este, incluso, fue mal escrito como "Matto" Grosso). La segunda es que la fotografía del corte estratigráfico de Lapa Vermelha (pág. 39) está girada en 90°: la parte alta de la imagen se encuentra a la derecha.

André Prous
Museu de História Natural, Belo Horizonte

¿PRIMERA CURA DE CÁNCER MEDIANTE RAYOS X?

En el artículo "La física contra el cáncer", aparecido en el número 57, se publicó como figura 2 una foto de 1899 que muestra la que habría sido la primera cura de cáncer mediante radioterapia. Se advierte en la paciente fotografiada un tumor circular de un tipo conocido actualmente como queratoacantoma, una clase particular de cáncer de piel (o, técnicamente, de epitelioma espinocelular). Se trata de una patología que suele presentarse en zonas de la cabeza, en personas mayores de 50 años. El tumor crece de manera rápida (en semanas), luego se estabiliza con un diámetro de entre 1,5cm y 3cm y después, a pesar de su aspecto temible, involuciona en forma espontánea y desaparece.

La interpretación médica actual es que el proceso de involución resulta de la capacidad del organismo de destruir las células cancerosas por medio de una reacción inmunológica. En otras palabras, es muy posible que la lesión se hubiese curado sola, sin los rayos X que se le aplicaron. Podríamos también decir que se curó a pesar de la radiación recibida. Hoy consideramos que hay carcinomas de la piel que tienen bajo grado de malignidad y no deben ser tratados con radiaciones

Ricardo Drut
Hospital de Niños, La Plata

¿LA FUENTE DE JUVENCIA?

Hace poco apareció en el Scientific American ("AGE breakers: rupturing the body's sugar-protein bonds might turn back the clock", 283, 4:12, julio 2000) la noticia de que un nuevo tipo de droga, el cloruro de fenil 4-5 dimetil tiazolio, o ALT-711 en su denominación común, es capaz de descomponer los productos de la glicación avanzada. Como señalamos en nuestro artículo "La glicación de las proteínas y su participación en enfermedades humanas" (Ciencia Hoy, 58:48-55, 2000), dichos productos, también llamados AGEs, se forman principalmente afectando proteínas de bajo recambio, como las del tejido conectivo. La mencionada droga, desarrollada entre otros por Anthony Cerami, investigador norteamericano de larga experiencia en el tema, se encuentra en etapa de aplicación a animales, en los que produjo resultados dramáticos en cuanto a revertir procesos relacionados con el envejecimiento. Por ejemplo, el efecto directo del ALT-711 sobre los tejidos conectivos de perros y monos viejos incrementó su eficiencia cardiovascular y aumentó la elasticidad de sus pulmones y glándula prostática, luego de cortos tratamientos de tres semanas. Se estima que la droga está todavía a unos años de ser aplicable a seres humanos, pero los resultados alcanzados hasta ahora son auspiciosos. Si bien no se trata de un nuevo elixir de juvencia, la nueva droga constituye una aproximación novedosa al tratamiento de un proceso básico de deterioro celular que ocurre en múltiples sistemas del organismo.

Juan Pablo F.C. Rossi
Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA

EL MUSEO LELEQUE

En la nota que comenta la inauguración del museo Leleque, aparecida en el número 58, se afirma que "difícilmente será visitado por los chicos de las escuelas o los pobladores de la región. El público destinatario parece ser principalmente los turistas afectos al turismo aventura, nacional y extranjero; y probablemente, represente un objeto exótico más, en la imagen a la que es tan afecto el grupo Benetton". Como la autora hace referencia a quiénes y cuántos visitarían el museo, hago llegar las cifras de visitantes de mayo, junio y julio. Sin contar a los concurrentes del 12 de mayo, el día de la inauguración, son:

Los escolares comenzaron a arribar espontáneamente en mayo con sus docentes, ya que el inicio del programa educativo sistemático estaba previsto para la primavera. Por ello, desde junio se atiende a las escuelas los lunes y martes. Llegaron varios grupos de jardín de infantes. En estos momentos se están seleccionando trabajos hechos por los chicos como resultado de sus visitas para exhibirlos en el museo. Más del 90% de los visitantes son patagónicos, del Neuquén, Río Negro y Chubut. Hay algunos cordobeses, santafecinos y bonaerenses, así como 30 extranjeros.

Por otra parte, no advierto la relación del museo con el turismo aventura. Está sobre un camino que no se corta en invierno, a 3km de la ruta asfaltada que conecta Leleque con Esquel, El Bolsón y Bariloche, a donde llegan a pasar vacaciones de invierno y verano turistas de muchas edades y gustos, incluidos jóvenes y familias con chicos. También llegan pescadores (a quienes no se suele tildar de aventureros) y algunos caminadores o trepadores de montaña. De todos ellos, los extranjeros son una minoría. Los arqueólogos, etnólogos, antropólogos e historiadores que elaboramos el guión de la muestra no tuvimos como objetivo relatar una historia para consumo de extranjeros sino, simplemente, presentar el conocimiento que produjimos durante más de cuarenta años a los pobladores de la Patagonia, que nos acompañaron mientras grabábamos historias, fotografiábamos arte rupestre y excavábamos sitios arqueológicos.

El grupo Benetton facilitó los recursos para que se pudiera concretar esta "aventura" cultural. Durante más de tres años trabajamos sin restricciones ideológicas ni presupuestarias. No nos corresponde analizar por qué este conglomerado económico italiano decidió comprometerse con tal empresa cultural y científica, aunque no creemos que considere al museo "un objeto exótico más, en la imagen a la que es tan afecto". No alcanzamos a entender qué quiso decir la firmante de la nota cuando afirmó que se cuestiona "sobre la participación de los científicos en temas vinculados al desarrollo regional y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población". Pero sobre esto preferimos no hacer conjeturas.

María Teresa Boschin
Directora del Museo Leleque

La nota sobre el Museo Leleque solo tuvo el propósito de constituir un relato sobre la inauguración de la muestra y de presentar unas reflexiones motivadas por ese acto. Nos complace conocer ahora el número de visitantes, el que en alguna medida desmiente nuestras suposiciones, basadas en una valoración subjetiva de las distancias y la movilidad a los ojos de los habitantes de las grandes ciudades. Tales criterios posiblemente no se apliquen para la Patagonia. Se podría agregar que en los próximos meses, en primavera y verano, los números deberían subir, pero luego de transcurrido un año quizá la tendencia sea la contraria, pasado el efecto de novedad. De todos modos, la serie es todavía muy corta para sacar conclusiones firmes. Con relación a la participación de los investigadores, la intención de la nota es poner de manifiesto su labor y señalar su compromiso con la comunidad. El término "cuestionamos" utilizado en una de las últimas frases no tiene el sentido de poner en duda la conveniencia de esa participación sino el de interrogarnos sobre las modalidades de ella: no tiene sentido crítico sino, por el contrario y como se desprende de la lectura completa de la frase, apunta a tomar conciencia de nuestras responsabilidades para con la sociedad, a la luz de un ejemplo feliz como es la creación del museo. Ciertamente nos congratulamos de que empresas nacionales o extranjeras tengan tales iniciativas.

Paulina Nabel

POLÍTICA EDITORIAL

En la sección Ciencia y sociedad del número 58, se publicó la nota "El valor de la investigación básica", un lúcido análisis del concepto de "utilidad" de la ciencia, que en todos los países invariablemente forma parte de las discusiones políticas sobre la asignación de recursos públicos a promover la investigación. Resulta escasamente edificante, dicho sea de paso, que en estos momentos la política argentina ni siquiera haya llegado a tal discusión, y que en vez de debate público las autoridades de turno se dediquen a difundir entre una ciudadanía apática sus desactualizados prejuicios sobre el particular. Pero no escribo esta carta para quejarme sobre las acciones del gobierno sino para señalar la aparente contradicción entre la línea editorial de Ciencia Hoy, de publicar material producido por académicos argentinos (o iberoamericanos) -o de autores de otras latitudes relacionados con Iberoamérica- y la inclusión de un trabajo que carece de referencias directas a la región, firmado por quien podemos suponer que es un australiano. ¿Cambió la política o hay algo que se me escapó?

Andrea Moreno
Rosario

La nota en cuestión salió sin el comentario aclaratorio (por cuya involuntaria omisión nos disculpamos) de que se trata de un informe encomendado al doctor Dos Remedios -que, efectivamente, es australiano- por la International Union of Pure and Applied Biophysics (IUPAB), de la cual la Sociedad Argentina de Biofísica (SAB), fundada en 1972 y la más antigua de su clase en Iberoamérica, es integrante desde 1973. Desde 1990, la SAB integra el consejo directivo de la IUPAB, de modo que en tal carácter la Argentina tuvo participación directa en la gestión del escrito reproducido, el cual, por otra parte, integra la documentación del XIV Congreso Internacional de Biofísica, que se celebrará en Buenos Aires en 2002.

Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 57.

Geomorfología de Buenos Aires

Leí con interés el artículo "Urbanización y consumo de tierra fértil", publicado en el número 55 de Ciencia Hoy. Me extrañó que incurriera en una serie de inexactitudes o contradicciones, que desmerecen los aspectos del trabajo enfocados con idoneidad, a saber:

* Si bien se indican las provincias que abarca la pampa ondulada, la figura 1 solo muestra un mapa de la de Buenos Aires con sus diferentes ambientes, lo que poco tiene que ver con lo enunciado en el texto y con el tema del artículo;
* A pesar de la suavidad del relieve pampeano, a diferencia de lo que expresan los autores, existe clara correlación entre los sitios de asentamiento de la población y la altura sobre el nivel del mar de los terrenos. Desde la primera fundación de Buenos Aires, próxima al actual parque Lezama, los españoles buscaron terrenos elevados para establecer sus campamentos, desde los que tenían una buena visión del río y de la tierra indígena. Después se fueron ocupando terrenos altos entre las cuencas de ríos y arroyos, para evitar las planicies inundables por estos. Una de las primeras direcciones en que se extendió la ciudad fue hacia el oeste, hasta la plaza de las carretas o Miserere (hoy Once de Septiembre). Hacia allí se tendió el primer ferrocarril, el del Oeste, en 1857. Un sencillo relevamiento topográfico permite comprobar que las mayores alturas de Buenos Aires, que rondan los 30m sobre el nivel del Riachuelo, se encuentran en esa dirección. Uno de los sitios más elevados está cerca del parque Chacabuco, a pocos metros de Directorio y Thorne;
* Según los autores, la cercanía a la costa explica la ocupación paulatina de las tierras: si ello hubiese sido así y no se hubiera tenido en cuenta la altura de los terrenos, las primeras zonas ocupadas habrían sido las llanuras aluviales de los ríos (situadas por debajo de los 5m), pues son las más costeras, cosa que obviamente no sucedió;
* En la descripción de los ambientes físicos los autores usan una clasificación que se aparta de criterios geomorfológicos en uso, lo mismo que en la cartografía, que resulta particularmente confusa por la mezcla de formas de relieve y tipos de suelo: hubiese sido mejor seguir los esquemas que usa el INTA en su mapa de suelos, aceptados por la comunidad científica.

Roberto Rivera
Buenos Aires

Si bien las críticas del lector se refieren a un aspecto ajeno al objetivo central del trabajo, contestaremos cada uno de los puntos.

* No dijimos que analizaríamos la pampa ondulada. La descripción inicial de esa región tuvo el propósito de establecer el contexto regional. Señalamos que el conflicto entre los usos urbano y agropecuario de la tierra es más crítico en las dos grandes ciudades de la región, Buenos Aires y Rosario. Ello justifica nuestra elección del área metropolitana de Buenos Aires como zona de estudio. En la página 56 indicamos explícitamente la ubicación y extensión del área analizada;
* Nuestra escala temporal no incluyó los tiempos coloniales: nos ocupamos de los 123 años que mediaron entre 1869 y 1991; la escala espacial no se restringió a la ciudad sino que comprendió el área metropolitana. Al hablar de correlación, no aplicamos el término en sentido coloquial, sino en el de un análisis estadístico de la información geográfica, es decir, describimos los resultados de un estudio científico basado no en relatos o documentos de la colonia, sino en la medición de ciertos atributos. Los criterios editoriales de Ciencia Hoy excluyen el andamiaje de citas propio de los trabajos científicos, pero quizá podamos referir al lector al artículo de D.Durán y G.D.Buzai, "El medio construido y las inundaciones en la aglomeración de Buenos Aires" (en La Argentina Ambiental, Lugar, 1998), en el que hay un mapa (p.260) que muestra cómo las altitudes mayores de 30m aparecen alejadas del tejido urbano;
* Estamos de acuerdo con el lector Rivera en que, en los comienzos de Buenos Aires (esto es, realizando un análisis con una escala temporal más corta y espacial más pequeña), hubo asociación entre el crecimiento urbano y la altitud. No existían entonces terrenos bajos ganados al río. De ahí que mal se pueda argüir que en ese entonces y allí el criterio de ocupación era topográfico. En una escala regional, en cambio, el crecimiento urbano no puede explicarse por el único atributo de la altitud: la cercanía a vías de transporte de productos y personas es el factor determinante;
* La información sobre suelos que se presentó sigue las normas del INTA, pero, dada la escala de las cartas con que se trabajó (1:250.000), hay diferencias con las de suelos confeccionadas en escala 1:50.000, aunque no las hay con los atlas de suelos realizados en escalas 1:500.000 y 1:1.000.000, como tampoco con el mapa de suelos de la provincia de Buenos Aires, en escala 1:500.000, realizados por los autores del artículo y editados por el INTA.
* Sugerimos al lector la consulta de "La cuestión del patrón y la escala en la ecología del paisaje y la región", en: S.D.Matteucci y G.D.Buzai (eds.), Sistemas ambientales complejos, herramientas de análisis espacial, EUDEBA, Buenos Aires, 1998, pp. 219-248. Ello le ayudará a comprender la importancia de ubicarse en la escala apropiada para interpretar fenómenos de carácter espacial.

J.Morello, G.D.Buzai, C.Baxendale, S.D.Matteucci, R.E. Godagnone y R.R.Casas

¿Repatriación de Científicos?

Luego de leer varias de las noticias que aparecieron en la última semana sobre la repatriación de científicos tuve la sensación de que, en los altos niveles gubernamentales, se desconoce la realidad con la que nos enfrentamos cotidianamente los científicos argentinos. Contaré mi experiencia de haber regresado al país. Más allá de la anécdota, espero que sirva para generar una discusión seria sobre el tipo de sistema científico que queremos en la Argentina.

En 1996, luego de seis años en el Harvard Medical School, mi esposo y yo regresamos al país con sendas becas de investigador formado del CONICET, que no incluyen beneficio social alguno. Ambos habíamos solicitado ingreso en la carrera del investigador de ese organismo en 1992, pero no obtuvimos respuesta porque tales ingresos permanecieron cerrados durante esos años; cuando llegamos se volvieron a abrir y tuvimos que repetir la presentación. La evaluación de mis antecedentes me colocó en el tercer lugar en el orden nacional y quedé recomendada para mi incorporación a la carrera como investigadora independiente. Sin embargo, no solo no entré sino que se dio la absurda situación de que lo hizo quien estaba en la posición 16 del orden de méritos, como investigadora asistente, la más baja de la escala. Mi esposo fue recomendado para investigador adjunto, pero tampoco logró la designación.

A pesar de mis averiguaciones y de la predicada "transparencia" del concurso, nadie supo o quiso explicarme por qué no habíamos entrado en la carrera. Al cumplirse el año de haber regresado, el CONICET no nos renovó la beca de investigador formado, como, según los reglamentos, podía haber hecho por otro año. Nos enteramos después de un mes, cuando no se depositó nuestro estipendio. Nunca recibimos explicación alguna de por qué se nos cortó la beca. A los trece meses de haber regresado al país los dos estábamos en la calle, situación difícil de explicar a nuestros hijos adolescentes, a quienes siempre les habíamos dicho que el esfuerzo y las cosas bien hechas tienen su recompensa.

En ese momento se nos ofreció incorporarnos a la Fundación de Investigaciones Biológicas Aplicadas (FIBA) a fin de contribuir al crecimiento de la institución, que contaba con solo dos investigadores formados. Al poco tiempo, gracias a mi pedido de revisión, ingresé en la carrera del CONICET, en enero de 1998; mi esposo solo lo logró en marzo de 1999. En el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) pude iniciar una nueva línea de investigación, gracias a los aportes realizados por la FIBA pero, sobre todo, al apoyo de dos investigadores del extranjero. Después de nuestro ingreso al CIB-FIBA, en marzo de 1999 el CONICET confirió a la institución el carácter de una de sus unidades ejecutoras (INIBIOP).

En septiembre de ese año, en forma inesperada y sin causa que lo justificara, las autoridades de la FIBA retiraron su conformidad para que mi esposo y yo continuáramos desempeñando nuestras tareas en el CIB. Como consecuencia de esa decisión unilateral, en diciembre de 1999 el CONICET estableció que con nuestro alejamiento el INIBIOP quedaba sin un número suficiente de investigadores para continuar siendo una unidad ejecutora de sus programas. Si bien tal medida sentó un valioso precedente con relación a decisiones infundadas y autoritarias, trajo como consecuencia que tanto mi esposo como yo carezcamos otra vez de lugar de trabajo. En Mar del Plata hay pocos sitios con instalaciones adecuadas para continuar los proyectos que tenemos en curso. El CONICET mantiene mi salario por nueve meses, para permitirme buscar otro centro de investigación donde instalarme. La situación en que me hallo no solo afecta la continuidad de mis proyectos científicos sino también la labor de dos estudiantes.

A la luz de lo relatado, ¿estamos en condiciones de decir a los estudiantes que su esfuerzo y la calidad de su trabajo les permitirán desarrollarse y permanecer en el sistema científico en el cual estamos inmersos? ¿Estamos en condiciones de hablar de repatriación de científicos? ¿O la opción que nos presentan las instituciones es seguir el camino de aquellos argentinos que no volvieron?

Liliana Busconi
Investigadora independiente del CONICET, Mar del Plata

AVANCES DEL MERCOSUR

El editorial del número 56 de Ciencia Hoy me pareció muy bueno, lo mismo que la carta del lector Alberto J. Solari que salió en el 55. Los gobiernos cambian y los vicios quedan. Me asombran las semejanzas que existen entre la Argentina y el Brasil en todos los órdenes, desde los programas económico-financieros hasta las fotos que salen en las primeras planas de los diarios. Cuando estoy en Buenos Aires y veo los titulares de la prensa me parece estar leyendo en castellano las noticias del Brasil, y cuando estoy en Río me parece leer en portugués las novedades argentinas. Se podría sacar una edición única para los dos países –preferentemente escrita en inglés–.

Después de seis años en que nuestro amigo José Israel Vargas se desempeñó aquí como ministro de Ciencia y Tecnología (durante los cuales no hizo absolutamente nada), Fernando Henrique nombró a un economista en el cargo; su principal antecedente, además de amistad con el presidente, era ser propietario de una de las grandes cadenas de supermercados, Pão de Açucar. Hablaba tan categóricamente y con tanta soberbia de todos los temas –por ejemplo de los transgénicos– que cualquiera que lo oía pensaba que entendía algo. Tenía ideas originales: de entrada dijo que la enseñanza es una cosa y se hace en las universidades, y que la investigación científica es otra, y debe hacerse en institutos ajenos a las universidades.

Ahora advierto las semejanzas del nombrado con su colega argentino Caputo: ambos muestran la misma supina ignorancia en materia científico-tecnológica. Son los típicos aficionados que han leído alguna revista de divulgación científica, lo cual no les viene mal, pero no parece el mejor antecedente para dirigir los destinos de la ciencia y tecnología de un país, o de la tecnología y la ciencia, o de la productividad, o de la informática... El paralelismo entre ambos países se mantiene en los salarios académicos. El mío como profesor titular de la máxima categoría alcanza –dependiendo de las diarias fluctuaciones de la moneda– a 1250 pesos argentinos mensuales.

Mario Giambiagi
Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas, Río de Janeiro

Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 63.

DROGA LEGAL, AUNQUE INMORAL

Sobre el tema de la polémica desatada en el número 61 de Ciencia Hoy, es decir, la legalización del consumo de la marihuana y otras drogas, el 3 de noviembre de 1996 publiqué una nota en Jurisprudencia Argentina que llevaba el título “Droga legal aunque inmoral”, de la que adapto algunos pasajes: ¿Quiénes se oponen a la legalización de la droga? Los narcotraficantes y sus aliados, unos cuantos banqueros y politiqueros (¡la narcopolítica!), los partidarios del capitalismo ortodoxo que, teórica y superyoicamente, reprimen el goce y proclaman el trabajo duro, aunque puedan actuar de manera muy diferente en su vida privada, los ultrarreligiosos, especialmente fundamentalistas, que no han podido superar el ancestral tabú del sexo y que también reprimen el goce, proclamando la castidad a ultranza. ¿Y quiénes están a favor de la legalización irrestricta de la droga? Algunos liberales extremistas, equivocados filosófica, psicológica y estratégicamente, que perjudican sin advertirlo la defensa de una sana moral. [...] En suma, conviene, por razones prácticas que no son filosóficas, legalizar, ordenada y no irrestrictamente, el consumo de drogas, para poder controlarlo y conocerlo más, y así poder tratarlo (médicamente) mejor; todo lo cual debe conducir, progresivamente, a la desaparición de su consumo y a la del narcotráfico. Para que no exista mañana, hoy la droga debe ser legal, aunque siempre inmoral. [...] Convendrá también insistir en que el debate acerca de la autorización/prohibición legal de la droga no debe contribuir, inadvertidamente, a la preclusión de otro, lógica y sociológicamente anterior y más profundo, cual es el debate acerca de la necesidad de drogarse del alienado hombre contemporáneo. La verdadera cuestión no es tanto si a ese hombre disminuido se le permitirá evadirse en riesgosos viajes oníricos, sino la de analizar esa necesidad de evasión, para poder vencerla. El consumo de drogas, y el supuesto derecho individual al mismo disimula y racionaliza la impotencia personal para superar la alienación. [...] Su legalización (de la droga) no debe aceptarse como una ideología cómplice del fracaso de la sociedad para evitar esa desembocadura alienada. Será, apenas, una conveniencia práctica dentro de un esquema terapéutico sancionado y controlado oficialmente. Y ojalá que enseguida se torne abstracta: un mundo que no requiera drogas malsanas debe ser nuestra utopía posible. Una sociedad que desespera a su gente y luego no sabe dar continente a sus desesperados, que han optado por evadirse bioquímicamente, debe ser revisada en sus fundamentos. Ahora agregaría que también se oponen a la legalización los propietarios de clínicas especializadas en el tratamiento de drogadictos, ya que dicha actividad les reporta pingües beneficios.

Marcelo Aftalión

JOULE Y EL EQUIVALENTE MECÁNICO DEL CALOR

Soy un seguidor de la revista y me complace la nueva sección Páginas del libro de la ciencia. Pero tengo una inquietud a propósito de la figura publicada en el número 61 (p. 61), que muestra el aparato diseñado por Joule para medir el equivalente mecánico del calor. Por lo que he visto en otras fuentes, el aparato de Joule es totalmente distinto del que salió en Ciencia Hoy. No consiste en un pobre perro afligido dentro de una campana para gases, sino en un recipiente cilíndrico con unas poleas, como lo describe brevemente la leyenda de la ilustración.

Luciano Lamaita
Facultad de Ciencias Exactas, UNLP

Tiene naturalmente razón el lector: en el número en cuestión terminó reproducida una lámina equivocada. Ponemos aquí la correcta, tomada de The Physical Society of London (ed.), The Scientific Papers of J. Prescott Joule, Taylor & Francis, Londres, 1884. La versión original de los dibujos salió en las Philosophical Transactions de la Royal Society, 1850, parte I, y correspondió al trabajo titulado “On the mechanical equivalent of heat”, leído por Michael Faraday en la sesión de dicha sociedad del 21 de junio de 1849.

figura

Las imagenes de arriba (en las que fice Fig. 77) muestran el aparato completo, con pesas y dos juegos de poleas. En la siguiente fila (Figs. 69, 70 y 71) está ilustrada la versión que utilizó agua e incluye cortes horizontal y vertical en los que se ven las ocho paletas. Los dos gráficos a la derecha y abajo (Fig. 75 y 76) miden el equivalente mecánico del calor sobre la base de la fricción de sólidos.

Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 60.

SOLSTICIO Y PERIHELIO

La trayectoria de la Tierra alrededor del Sol puede describirse como una elipse, con este ubicado en uno de los focos. Entonces, ¿por qué no coincide el perihelio –el punto de la órbita terrestre más próximo al foco solar– con el solsticio? ¿En cuál de esos puntos es máxima la velocidad de traslación del planeta?

Horacio Della Costa
Buenos Aires

Perihelio y solsticio son dos cosas absolutamente independientes. En mi opinión, la errónea creencia de que coinciden proviene de la forma en que usualmente se dibuja la órbita de la Tierra. Si recordamos que esta es elíptica, con el Sol en uno de los focos, el perihelio es el punto de la órbita terrestre más cercano al Sol, es decir, más próximo al foco de la elipse que ocupa el Sol. El perihelio es, también, aquel punto de su órbita en que la Tierra se desplaza a la máxima velocidad. El solsticio, en cambio, es el momento en que el Sol se ve desde la Tierra en la posición más alejada del ecuador, cosa que sucede dos veces por año. Es un fenómeno causado por el hecho de que el eje de la Tierra no es perpendicular al plano de su órbita o eclíptica. Si no fuese así y la Tierra se trasladara con su eje de rotación perpendicular al plano de su órbita (lo que se dibujaría vertical si este se representara horizontal), existiría aún el perihelio pero no se producirían los solsticios. En estas hipotéticas circunstancias, el Sol, visto desde la Tierra, nunca se apartaría del ecuador y sus rayos siempre caerían verticales a mediodía sobre el ecuador terrestre (y el plano de este coincidiría con el de la eclíptica). Pero como el eje terrestre real tiene una inclinación con respecto a una hipotética vertical, se produce un solsticio en el momento en que la órbita aparente del Sol alcanza su máximo alejamiento del ecuador, hacia el norte o el sur, lo que marca el verano y el invierno en cada hemisferio del planeta. En qué lugar de su órbita está la Tierra en cada uno de esos momentos no está determinado por la forma elíptica de su órbita sino por la dirección en que está inclinado su eje polar.

Pedro Saizar

NOMBRES CIENTÍFICOS Y ARTÍCULOS

En una carta anterior, sostuve que los nombres científicos de especies, en latín, no deben llevar antepuesto un artículo, determinado o no. En mi opinión, lo correcto sería escribir, por ejemplo, Chaetophractus villosus, en lugar de el Chaetophractus villosus, pues se trata de un nombre propio, y, por lo tanto, no corresponde que lleve artículo (si bien el diccionario de la Real Academia admite excepciones en caso de regionalismos, como el Juan o la Susana, o de artistas como la Callas). Sin embargo, en el número anterior se escribió acerca del genoma de la Xylella fastidiosa. Como no soy un taxónomo sino solo un aficionado, es posible que se me haya escapado algún cambio en las convenciones.

Carlos M. Zaccaro
Buenos Aires

Posiblemente no haya una regla rígida para establecer si corresponde usar o suprimir el artículo. Es posible que, según el sentido de la frase, ambos usos sean aceptables. Así, haber escrito la Xylella fastidiosa expresaba tácitamente el hecho de que se trata de una bacteria. Si nombre propio es el que se aplica a una cosa determinada para distinguirla de las demás de su especie, las denominaciones científicas de plantas y animales deberían considerarse nombres comunes. Son, en realidad, dos nombres comunes, uno de los cuales, el del género, por mera convención arbitraria entre especialistas, se escribe con mayúscula (el más arbitrario de los signos gramaticales, al decir de María Moliner). Así, Chaetophractus lleva mayúscula no por nombre propio, sino para distinguirlo de la especie (villosus) que lo califica. Ello se debe a uno de los tantos acuerdos científicos internacionales que permiten entender en cualquier idioma que se está hablando de lo mismo. Confirmando lo dicho, Manuel Seco (Gramática esencial del español, Aguilar, 1972, p.136) sostiene: Los nombres concretos pueden ser comunes o propios, [...] los primeros son “clasificadores”, y los segundos, “individualizadores”. Es decir, un nombre común [...] actúa como una etiqueta que se pone a un ser para incluirlo en una clase de seres, porque se ve en aquel una serie de caracteres comunes con estos. En cambio, un nombre propio [...] no representa ninguna característica del ser nombrado; solamente se propone distinguirlo entre todos los que pertenecen a su misma especie... Cuando emplea tales nombres, Ciencia Hoy, como revista de divulgación, trata de ajustarse a los usos aceptados del idioma culto. Normalmente los redactores de la revista escribirían, por ejemplo: el zorzal colorado suele cantar en Buenos Aires en las madrugadas de primavera. Si quisieran referirse a la misma ave usando su nombre científico pondrían: esta mañana nos despertó el Turdus rufiventris (adviértase que la última frase, por ser una cita, se puso en itálica; por eso el nombre en latín salió en redonda, como sucedió en la apertura de la nota comentada por el lector). En consecuencia, en el uso común del idioma culto, el uso del artículo es correcto si el sentido general de la frase lo requiere o hace aconsejable. En otras palabras, podría haber, a nuestro juicio, frases en que fuese incorrecto tanto ponerlo como suprimirlo. Note el lector que nos referimos al uso común del idioma culto. En la jerga de ciertas ramas del conocimiento pueden haberse difundido otros hábitos, posiblemente distintos para cada una. Sobre ello, no opinamos, aunque se espera que en una revista de divulgación esas especializaciones idiomáticas cedan ante el uso general aceptado.

ALMEJAS NATIVAS E INVASORAS

A principios de los años setenta, cuando era niño, veraneaba en la costa atlántica del Tuyú. Bastaba entonces con hacer un pozo en la arena y, a diez o veinte centímetros, estaban las almejas. Los orificios que dejaban en la arena al asomar sus cuernos eran incontables, a lo largo de kilómetros y kilómetros. Sacábamos un balde o dos de almejas por semana, para nuestro consumo. A partir de 1995, cuando por primera vez advertí que no quedaban más, oí muchas explicaciones de la causa de su desaparición, entre otras, la depredación del turismo y comercial, la contaminación del Río de la Plata, la falta de cloacas en la zona, los agroquímicos, el peso de los vehículos que transitan por las playas, el barrido del lecho marino por las redes de los pesqueros, etcétera. Este verano descubrí un molusco desconocido para mí. Su sabor no difería mucho de la familiar almeja, pero su forma era diferente y sus tapas eran mucho más duras, redondeadas y oscuras. En el número 38 de Ciencia Hoy descubrí que se trataba de un invasor asiático (Corbicula fluminea) encontrado en la cuenca del Plata, que se debe haber difundido a la costa atlántica bonaerense. ¿Desapareció definitivamente la almeja de nuestras playas? ¿Por qué? El molusco invasor, ¿puede dañar nuestro ecosistema o contribuye a repararlo?

Pablo Gustavo Zolezzi
Buenos Aires

Es muy difícil conocer los porqués. Es más factible analizar los cómos, cuándos y dóndes. No se sabe qué ocasionó la desaparición de la almeja amarilla (Mesodesma mactroides) de nuestras costas. La contaminación ambiental podría haber sido la causa, pero tendría que haberse tratado de una contaminación atípica, que actuó sobre una especie en particular y no sobre el resto de los moluscos ni sobre la fauna en general. La almeja amarilla no solo desapareció de la costa argentina: lo mismo sucedió en las costas del Brasil y del Uruguay. También está la posibilidad de causas biológicas, como la infección por virus o bacterias. Los interesados pueden consultar un artículo publicado en 1999 en Biological Conservation (S. Fiori y N. Cazzaniga, “Mass mortality of the yellow clam Mesodesma mactroides in Monte Hermoso beach”, Argentina, 89:305-309). El bivalvo invasor Corbicula fluminea habita en aguas dulces pero soporta cierta salinidad. Su distribución en el estuario del Río de la Plata alcanza la zona de Punta Indio, cuyas aguas son, por lo menos, entre veinte y treinta veces menos saladas que las del mar. Sería fisiológicamente muy difícil, por no decir imposible, que pudiera vivir en la costa marina. No tengo noticias de que algún especialista lo haya visto en tales lugares. Por otro lado, resulta arriesgado identificar un animal por comparación con una foto como la que cita el lector. Quedo a disposición del señor Zolezzi para identificar los bivalvos si desea enviarme material.

Gustavo Darrigran
Facultad de Ciencias Naturales y Museo (UNLP)

GENERACIÓN ESPONTÁNEA

En la sección Páginas del libro de la ciencia, en el número 59 de Ciencia Hoy, se cita una conferencia de Pasteur, pronunciada en 1864, en la que este expresó que “no hay circunstancia conocida en que seres microscópicos llegan al mundo sin padres semejantes a ellos”. Estamos convencidos de que Pasteur estaba equivocado. Tenemos pruebas contundentes de la aparición de vida con prescindencia de los mecanismos genéticos. Cándido Víctor del Prado y Elvira V. de Parma comprobaron mediante once ensayos, realizados entre 1976 y 1977 en el Instituto Nacional de Microbiología, la transformación de materia física en materia viva. Sus conclusiones textuales fueron “...en las condiciones descriptas, se manifiesta un factor morfogenético desconocido que se revela con la exclusiva presentación de colonias de hongos no atribuible a los mecanismos genéticos conocidos”. La Tierra fue considerada el centro del universo, pero hoy sabemos que no es así. ¿No podría ocurrir lo mismo con la generación espontánea? A cualquier científico que quiera repetir las experiencias de los nombrados, le remitiremos copia fiel del trabajo de estos, el que también ponemos a disposición de Ciencia Hoy. Resulta inexplicable que una cuestión con tantas implicancias científicas y filosóficas haya caído en descrédito cuando nunca fue desvirtuada definitivamente.

Omar Arashiro
Daniel Magnífico
Lionel Negro
Buenos Aires

Quizá uno de los principales misterios biológicos, y también uno de los menos comprendidos, sea el origen de la vida en la Tierra. Sin embargo, existe amplio acuerdo en la comunidad científica internacional acerca de que la vida apareció y prosperó solo una vez en el planeta, y que sus inicios coinciden con los estadios primitivos de este, hace unos tres a cuatro mil millones de años. Todos los seres actualmente vivos, lo mismo que las especies extinguidas, descendieron de un único tronco primigenio mediante los procesos lentos de la evolución darwiniana, por pequeñas mutaciones hereditarias y por selección natural. En otras palabras, el pensamiento biológico moderno coincide con Pasteur en descartar la generación espontánea. La imposibilidad de que esta tenga lugar, sin embargo, no se puede probar, de la misma manera que no se puede demostrar que no haya brujas. Todo lo que se puede decir es que nadie ha verificado fehacientemente que acontezca aquella ni que existan estas. También se puede afirmar que todas las evidencias de que se dispone y todas las teorías científicas que la ciencia actual considera verdaderas inducen a concluir que tanto la generación espontánea como las brujas son fenómenos tan extremadamente improbables, que parece adecuado descartarlos por completo del marco espacial y temporal de la vida humana. En cuanto a los experimentos que mencionan los lectores, Ciencia Hoy no podría acogerlos en sus páginas porque, como revista de divulgación, adhiere al criterio de que cualquier conclusión de la investigación científica, antes de ser difundida al público general, debe hacerse conocer a la comunidad científica con suficiente detalle como para que pueda ser analizada, discutida y, si aplicable, sujeta a comprobación experimental por investigadores independientes de sus autores originales. Por ello, la comunidad internacional de la ciencia pone en práctica el principio de que el conocimiento adelanta sobre bases firmes cuando las nuevas teorías y descubrimientos se someten al debate por la vía de su publicación en revistas científicas sujetas a rigurosos controles editoriales. Si bien Ciencia Hoy está también sujeta a controles rigurosos, ellos son de una índole adaptada al periodismo de divulgación, lo que los hace inadecuados para casos que contradicen el pensamiento aceptado.

Cartas de lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 58.

ESQUISTOSOMIASIS
Como médico sanitarista con muchos años de trabajo para la Organización Mundial de la Salud en África, he leído con interés los dos artículos sobre esquistosomiasis del número 56 de Ciencia Hoy. Allá la enfermedad tiene alta incidencia en la población rural y periurbana y, debido a la construcción de diques y canales para riego, apareció en muchos lugares donde históricamente no existía. Conozco los daños que causa, especialmente en los niños, y por eso me alarma que pueda diseminarse. Advierto que los autores se refieren a Schistosoma mansoni como único responsable del mal en el continente americano, pero en la segunda nota relacionan su irrupción en América con el tráfico de esclavos, capturados en la costa occidental del África, entre Senegal y Angola. Según mi experiencia, allí es más común Schistosoma hematobium, que causa otra forma de la enfermedad. Como las dos especies son transmitidas a las personas por caracoles, ambas deben haberse difundido en América con los africanos. Es lo que ocurrió en Arabia y en Irak en los años 60: inmigrantes con parasitosis múltiple introdujeron las dos especies de parásitos, cuyo control sanitario todavía constituye una pesada carga económica, ya que además los enfermos requieren tratamientos distintos.

Moisés Altman
Villa María, Córdoba

Las distribuciones de S. mansoni y de S. haematobium son ampliamente coincidentes en el África occidental. Por eso, cuando en 1902 se conoció la presencia en América del primero de esos parásitos –atribuida a la llegada de los esclavos– se supuso que también sería descubierto el segundo esquistosoma, el agente de la esquistosomiasis urinaria. Hasta hoy, sin embargo, no se han encontrado focos locales de S. haematobium, a pesar de habérselo detectado repetidamente en tiempos modernos en personas procedentes del África y de Portugal. Ello se debe a la estricta especificidad que caracteriza a los esquistosomas y refleja su coevolución con los caracoles que los hospedan. S. mansoni depende de caracoles planórbidos del género Biomphalaria, cuyas especies habitan en África y en América. En cambio, S. haematobium lo hace de caracoles de la misma familia Planorbidae pero del género Bulinus, que no existe en nuestro continente. Las larvas surgidas de huevos de parásitos que liberaron en América personas infestadas con S. haematobium no hallaron hospedadores que les permitieran completar su ciclo de vida. Los Biomphalaria son refractarios al S. Haematobium, como los Bulinus lo son al S. mansoni). Como se advertirá, los estudios de sistemática biológica tienen en ciertos casos mucha importancia práctica, ya que organismos muy parecidos pueden tener significados epidemiológicos absolutamente distintos. Además, es este otro ejemplo de trastornos producidos por especies exóticas, sobre los que se ha explayado reiteradamente Ciencia Hoy.

Manuel G. Quintana

LOS GRITOS DE ALARMA DE LOS MONOS

En la nota "La vida en sociedad de los primates: costos y beneficios", aparecida en el número 53 de Ciencia Hoy, se expresa que los monos emiten sonidos diferentes para indicar la proximidad de un enemigo: uno si el peligro está en tierra y otro si se acerca por el aire. Parecería, pues, que los primates identifican el predador y le asignan un sonido. ¿No podrá deberse a la postura de la cabeza? Es decir, en un caso el animal mira horizontalmente o para abajo y en el otro para arriba. ¿Qué ocurre cuando el primate ve un ave rapaz a su mismo nivel?

Pablo G. Tizzi
Castelar

Aparentemente, la diferencia entre los dos tipos de grito de alarma no se debe a la posición de la cabeza del mono, si bien no conozco estudios que hayan intentado responder específicamente a la primera pregunta del lector Tizzi. Los hay que muestran que la posición de los labios y otras partes del tracto bucal afectan el sonido, pero no fueron realizados acerca de llamados de alarma. En ellos se observaron cambios en la frecuencia media del sonido pero no en el tipo de llamado (es como si a los animales les cambiara la voz pero no lo que dicen). Por otro lado, las águilas no atacan siempre a los monos arbóreos desde arriba, como podría pensarse. Las harpías (Harpia harpyja) y otras águilas vuelan dentro del dosel arbóreo. Hemos observado en Iguazú el ataque de un águila copetona real (Spizaetus ornatus) a un grupo de monos caí (Cebus apella). El ave voló por debajo de la mayor parte de los individuos del grupo y se posó en una rama que también estaba por debajo o a la misma altura que los monos. Esta situación es muy común, pero en tales casos los monos emiten llamados de alarma que corresponden a águilas. Tampoco hay diferencias entre los llamados de alarma correspondientes a predadores terrestres emitidos por monos en el suelo o en un árbol. En el África, los cercopitecos de cara negra (en inglés vervets, Cercopithecus aethiops) poseen por lo menos cuatro llamados de alarma: uno para águilas, otro para leopardos, el tercero para serpientes (pitones, mambas y cobras) y el último para otros mamíferos terrestres (hienas, chacales, leones y chitas). Son acústicamente distintos, a pesar de que la forma de encuentro del mono con una hiena o un leopardo –y por lo tanto la posición de su cabeza– suelen ser similares.

Varios investigadores se han planteado si, con sus distintos gritos de alarma, los primates señalan diferente urgencia de la respuesta (o distinto tipo de respuesta) o la presencia de un peligro específico (águila, yaguareté, humano). Es decir, si los animales indican su estado de excitación o si informan sol;bre hechos externos a ellos. Estudios comparativos de distintos grupos de mamíferos indican que, en algunas especies, los animales dan a conocer el tipo o la urgencia de la respuesta pero no qué predador ataca. Las ardillas terrestres (o perritos de las praderas, Cynomys sp.) emiten dos gritos de alarma, respectivamente asociados con águilas y coyotes. Pero ante un ataque de coyote que requiere respuesta urgente, los animales por lo común emiten el llamado asociado con las águilas. Esto sugiere que indican el tipo o la urgencia de la respuesta y no el predador. En cambio, en todos los primates estudiados hasta ahora, el grito de alarma indica el predador y no la urgencia de la respuesta. Así el llamado de alarma ante la presencia de un águila tiene la misma estructura acústica y no se relaciona con la mayor o menor proximidad del peligro. En todo caso, se advierten diferencias en la amplitud o volumen del grito, en el numero de llamados por unidad de tiempo y en cuántos individuos llaman, según la proximidad del depredador o su actitud (llamados más fuertes, frecuentes y por más individuos si el águila ataca, en vez de solo volar en la distancia). Para quienes deseen más información, sugiero consultar:

CHENEY, D. L. & SEYFARTH, R. M., 1990, How monkeys see the world: Inside the mind of another species, University of Chicago Press.
MACEDONIA, J. M. & EVANS, C. S., 1993, "Variation among mammalian alarm call systems and the problem of meaning in animal signals", Ethology, 93:177-197.
BRADBURY, J. W. & VEHRENCAMP, S. L., 1998, Principles of animal communication, Sinauer.

Mario S. Di Bitetti

MAMÍFEROS EXÓTICOS EN LA PATAGONIA
A propósito de la nota "Mamíferos exóticos en la Tierra del Fuego", aparecida en el número 56 de Ciencia Hoy, deseo comentar que, desde 1995, las autoridades de la provincia del Chubut importaron zorros azules y plateados de países del norte de Europa (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Holanda) para fomentar el negocio de las pieles. También trajeron visones. Los dos centros más importantes de la actividad estaban en Esquel y Trelew y la rentabilidad del negocio se basaba en una buena relación entre costos de producción y precio de venta. Los primeros resultaban favorables por razones de estacionalidad, abundancia de alimentos (desperdicios de pescado y de vacunos), disponibilidad de tierra y mano de obra rural desocupada por la crisis de la producción lanera. Para tener rentabilidad, se requería colocar cada piel a no menos de $50; el precio se redujo al orden de los $20 y la casi totalidad de los establecimientos cerró. En Esquel, de los catorce criaderos con unos 15.000 ejemplares quedaron tres con no más de 2000 animales.

Alejandro Nardoni
Esquel

El comentario sobre la introducción de zorros y visones en el Chubut me sugirió agregar algunos detalles a la nota que menciona el lector. En noviembre de 1997 visité uno de los criaderos de Trelew, dado que participaba de un taller sobre especies introducidas organizado por la Universidad Nacional de la Patagonia en el CENPAT de Puerto Madryn. Lo sucedido en Esquel y Trelew se repitió en otros lugares de la región. Para subsanar la situación de crisis de la producción lanera se tomaron decisiones políticas que no tuvieron suficientemente en cuenta factores técnicos. Recuerdo también que se mencionó que en Chubut se debía confeccionar un informe semestral de altas y bajas de los animales de los criaderos, que fue considerado insuficiente por los especialistas que asistieron al encuentro. Por otra parte, el cálculo del rédito económico solo consideró los resultados de la actividad en el corto plazo y no valorizó el riesgo ambiental creado por la cría de especies exóticas. En particular, no se tuvo en cuenta que: (i) los escapes de criaderos son prácticamente inevitables, salvo que se implanten controles costosos; (ii) las autoridades deben controlar múltiples aspectos de la actividad (sanitarios, comerciales, etc.), lo que también significa costos; y (iii) las liberaciones masivas voluntarias de animales exóticos normalmente se asocian a dificultades económicas.

Si se tuvieran en cuenta los riesgos inherentes a la actividad, ¿cuál sería el costo de un criadero de animales exóticos? Sin duda más alto que lo calculado cuando se realizó el análisis inicial de los casos que comenta el lector. Por otro lado, más allá de las oscilaciones de los mercados internacionales y de los cambios de la moda, la experiencia patagónica indica que ha sido imposible mantener esos criaderos por un tiempo suficiente como para que se consolide la actividad y que casi siempre quebraron o fueron abandonados. Así pasó también con los visones. Es necesario realizar buenos análisis de costo-beneficio de la cría de especies autóctonas y comparar sus resultados con iguales análisis de la cría de animales exóticos. En aquel taller se puso de relieve que la cría de especies nativas es técnicamente menos riesgosa que la de especies exóticas. Es indiscutible la necesidad de ejecutar políticas que se apoyen en los necesarios criterios técnicos y que tengan en cuenta los plazos que requiere el manejo de la fauna silvestre.

Marta Lizarralde
CADIC, Ushuaia

"AMARTIZAR"

En conocimiento de que los editores de Ciencia Hoy son tan cuidadosos de las formas correctas del castellano, me parece pertinente señalar un error, desafortunadamente muy frecuente en los medios, que se cometió en la nota "La búsqueda de vida en Marte", publicada en el número 57 (pág. 60). Se trata de la expresión ...intentarían aterrizar (o más precisamente "amartizar") en el planeta rojo. En nuestro idioma la palabra tierra tiene dos acepciones principales: es, primero, el nombre del planeta que habitamos y, segundo, la parte superficial de este no ocupada por el mar. Son conceptos similares pero no equivalentes; así, si se habla de un terremoto, se utiliza la segunda acepción porque, de no ser así, sería un sacudimiento del planeta en su órbita. Por ello se utiliza también el término maremoto. Lo mismo vale para aterrizar: significa posarse sobre tierra firme (y no sobre el planeta Tierra). También existe la palabra amerizar, de obvio significado. Una nave que se pose en Marte estará aterrizando y no amartizando. Quizá corregir el error ahora evite que nuestros nietos y bisnietos tengan que sufrir expresiones como la nave "titanizó" sin dificultad o se registraron desperfectos durante el "plutonizaje" o se produjo un nuevo "saturnomoto".

Gerardo M. Rodríguez Planes
Buenos Aires

El razonamiento del lector es impecable. Pero a veces el lenguaje, que responde a los usos de la gente, no sigue caminos tan lógicos. El diccionario de la Real Academia, que coincide con el señor Rodríguez Planes en la definición de aterrizar, también incluye lo siguiente: Alunizar. Posarse una nave espacial o un tripulante de ella en la superficie de la Luna.

LA ARGENTINA VISTA DESDE EL EXTRANJERO

A fines de junio llegó a Ciencia Hoy un documento que constituye un buen indicador del estado de ánimo de una parte no menor de la comunidad académica argentina que está transitoria o permanentemente en el extranjero. Quizá el contenido de la nota haya perdido actualidad para el momento en que este número llegue a manos del lector. Sin embargo, constituye un testimonio histórico y sociológico de un interés que justifica su publicación. Se trata de una carta abierta enviada al presidente De la Rúa, con copia al secretario de Tecnología, Ciencia e Innovación Productiva, Dante Caputo, al entonces presidente del CONICET, Pablo Jakovkis y a la diputada Adriana Puiggrós. Su texto dice:

Nos dirigimos a usted, en calidad de becarios e investigadores argentinos que desarrollan tareas profesionales en el exterior del país, en forma temporaria o permanente, sumamente preocupados por las recientes medidas del gobierno argentino en materia de recorte presupuestario y disminución salarial, anunciadas el pasado 29 de mayo de 2000.

La gran mayoría de los argentinos queremos un país fuerte, creativo, y económicamente competitivo en el mundo. Un país en el cual todos puedan desarrollar sus tareas en libertad, y al hacerlo estimular aún más el desarrollo del país, generando así un ciclo de progreso humano y económico para todos los argentinos. Cualquiera sea el plan de país que la Argentina se proponga, consensuado por la sociedad argentina en su conjunto, la investigación científica y el desarrollo tecnológico (CyT) tienen un papel clave. El área de CyT es vital para el desarrollo industrial y económico del país, así como lo es también para el continuo mejoramiento del bienestar, la educación y la salud de su población.

La Argentina, como todo país en vías de desarrollo, debería ser un ejemplo de inversión en CyT. La Argentina no puede pensar en reducciones de los ya magros presupuestos de investigación en CyT, y de los salarios del personal científico y tecnológico. Una acción de esta índole sería un grave error por parte de esta administración. La Argentina invierte alrededor del 0,45% del PBI en CyT, en contraposición con otros países de América latina, en los que el porcentaje dedicado a CyT alcanza entre el 0,65% (Chile) y el 1,2% (Brasil) del PBI. La decisión política y estratégica de aumentar la inversión en CyT, tan vital para el desarrollo del país, debería comenzar por evitar la reducción de los ya bajos e insuficientes presupuestos asignados al área.

El sistema científico argentino, fuertemente basado en el CONICET y las universidades nacionales, sufre de tres males crónicos: (1) la falta de planeamiento y políticas claras, (2) la falta de un presupuesto adecuado y (3) la falta de una adecuada evaluación periódica de la producción científica y del funcionamiento general de los diversos organismos de CyT por comisiones competentes y objetivas. Males que se han acentuado en los últimos años, con recortes presupuestarios al área, congelamiento intermitente del ingreso a la carrera del investigador científico del CONICET, retrasos sistemáticos en los pagos de los salarios y las becas, etcétera.

El primero de los males se resuelve mediante la discusión sistemática, por parte de científicos y autoridades científicas, del modelo de CyT que la sociedad argentina necesita. Pero este planeamiento solo será una declaración de buenas intenciones si no se resuelve paralelamente el segundo mal. Este requiere el sostenido aumento del presupuesto nacional destinado a la investigación científica, básica y aplicada, y al desarrollo tecnológico. Tal aumento presupuestario sostenido debería apuntar a alcanzar inversiones en CyT comparables, en porcentaje del PBI, con los que históricamente destinan a ese propósito los países más desarrollados del planeta. El tercer mal solo puede solucionarse si se resuelven los dos anteriores, y si se brinda al sector de CyT la capacidad de designar, en forma autónoma, autoridades competentes y con formación científica en sus directorios.

Señor presidente, somos un grupo de becarios e investigadores argentinos que, desde el exterior, se suma a los intensos reclamos que la comunidad científica y tecnológica argentina expresa en estos días a usted y a las autoridades del sistema científico y tecnológico. Con medidas de mayor reducción presupuestaria del sector de CyT y reducción salarial de su personal, solo se conseguirá agudizar más la precaria situación de la Argentina, solo se logrará acentuar el atraso de la Argentina respecto del primer mundo, solo se logrará jaquear las posibilidades de desarrollo del país y será imposible retener a nuestros jóvenes. Menos se podría pensar en el retorno al país de aquellos que ya están desarrollando actividades profesionales fuera del mismo, en los cuales el país invirtió para su formación.

Desde el exterior del país, nos sumamos a los reclamos que plantea en estos días el sector de CyT argentino:

Es insostenible una disminución del ya insuficiente presupuesto del área de CyT, así como lo es una rebaja de los salarios de los investigadores, técnicos, personal de apoyo y becarios.

Reclamamos el pago en término de dichos salarios.

Nos pronunciamos a favor de que se ponga en marcha un adecuado planeamiento del sector de CyT del país, apoyado por un sostenido aumento del presupuesto destinado al área.

Lo saludamos atentamente, los firmantes becarios e investigadores argentinos en el exterior.