Carta de Lectores

para Ciencia Hoy el . Publicado en Carta de Lectores, Número 62.

PIERRE SCHAEFFER (1917-1998)

Muchos en este país somos deudores de la escuela de microbiología del Instituto Pasteur de París. Pierre Schaeffer fue uno de sus integrantes. Fue un brillante pero modesto microbiólogo cuyo nombre quedó asociado con la esporulación, es decir, al proceso por el cual las bacterias forman esporas, células resistentes a la mayoría de las agresiones físicas, químicas y ambientales. En su laboratorio, también, se iniciaron en 1975, en colaboración con el genetista norteamericano Rollin Hotchkiss, los estudios de fusión de protoplastos (bacterias sin pared), que han permitido postular un modelo de inactivación epigenética (ausencia de expresión de uno de sus genomas, como ocurre en las células de mamíferos hembra con uno de sus cromosomas sexuales X).

Como les sucedió a muchos de sus contemporáneos, la guerra retrasó su carrera. Después de recibirse de médico, inició su formación en la investigación científica. Realizó su tesis doctoral en el Pasteur bajo la dirección de André Lwoff, durante una época efervescente de lo que por ese entonces se empezaba a llamar biología molecular. Algunos de sus compañeros de laboratorio fueron François Jacob, Jacques Monod, Elie Wollman, Robert Lavallée, Melvin Cohn, Hélène Ionesco, Jean Paul Aubert y George Cohen. Los dos primeros, junto con Lwoff, recibieron el premio Nobel de medicina en 1965 por su contribución al conocimiento de la lisogenia, el proceso por el que un virus bacterial o bacteriófago infecta a bacterias y es transmitido a las siguientes generaciones de estas exclusivamente por la división celular del huésped. Schaeffer hizo su tesis doctoral, que presentó en la Sorbona en 1960, sobre la esporulación de la muy difundida bacteria Bacillus subtilis, habitual contaminante de cultivos de laboratorios (arruinó muchos experimentos al propio Pasteur) e importante para diversos procesos industriales.

A Schaeffer le debemos haber establecido una gran colección de mutantes y realizado su ordenamiento genético y morfológico en función de sus estadios de diferenciación. Antoinette Ryter hizo bajo su dirección los estudios de microscopía electrónica que definieron las etapas morfogenéticas del proceso de diferenciación. Esos estudios, que incluyeron un modelo de regulación secuencial, sentaron las bases para la comprensión de procesos de diferenciación celular tanto en procariotas como en organismos superiores.

En 1968 Schaeffer fue nombrado profesor de microbiología en la Facultad de Ciencias de la universidad París XI. Desde entonces a 1986 dirigió también el Instituto de Microbiología de Orsay, en el que estableció una dirección colegiada que permitió el desarrollo de varios grupos de investigación. Por dicho instituto, y en particular por su laboratorio, pasaron numerosos científicos franceses y extranjeros, como George Balassa, Richard Losick, Abraham Sonenschein, Ken Blot, Maury Fox, Glen Chambliss, Richard Novick, Rollin Hotchkiss, Magda Gabor, Laszlo Alfoldi, Patrick Piggot y Howard Rogers, además de los firmantes de esta carta. En mayor o menor grado fueron discípulos suyos, entre otros, Janine Guespin, Brigitte Cami, Jean Brevet, Felipe Moreno, Jean Pierre Bohin, Patrick Stragier, Corinne Lévi, Céline Karmazyn y Victor Norris. Su humor, su modestia y su honestidad son recordados por todos con nostalgia y cariño.

Alberto Díaz, Luisa Hirschbein y
Carmen Sánchez de Rivas
FCEyN (UBA)

CORRECCIÓN

Como uno de los autores de “La vaca ñata: una pregunta genética sin responder”, publicado en el número 59 de Ciencia Hoy, de octubre/noviembre 2000, escribo para señalar un error que se deslizó en la segunda columna de la página 32, donde dice que: ...las vacas ñatas no fueron mencionadas por reconocidos naturalistas, como Azara y D’Orbigny, que describieron detalladamente la región a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Darwin, sin embargo, en Variations of Animals and Plants under Domestication (vol. II, p. 94, John Murray, Londres, ed. 1921), escribió: The first brief published notice of this race (niata o ñata) was by Azara, between the years 1783-96; but don F. Muñiz, of Luján, who has kindly collected information for me, states that about 1760 these cattle were kept as curiosities near Buenos Aires. Their origin is not positively known, but they must have originated subsequently to the year 1552, when cattle were first introduced. (La primera breve noticia publicada de esta raza fue por Azara, entre 1783-96; pero don F. Muñiz, de Luján, que amablemente me juntó información, manifiesta que por 1760 esa hacienda se criaba como una curiosidad cerca de Buenos Aires. Su origen se desconoce a ciencia cierta, pero se debe haber originado después de 1552, cuando se introdujo por primera vez ganado vacuno).

Guillermo Giovambattista
Facultad de Ciencias Veterinarias, UNLa Plata

CUEVAS EN PELIGRO

Desde 1996, el Grupo Espeleológico Argentino realiza tareas científicas en las sierras Bayas de Olavarría, de las que también se extraen comercialmente varias rocas, entre ellas las dolomitas, unas piedras de color amarillento y origen sedimentario usadas como revestimiento en edificios. Por sus características químicas, las aguas de lluvia o friáticas las horadan y forman cuevas, lo que origina un relieve en el que el agua superficial (por ejemplo la de ríos) desaparece en el suelo y surge en otro lugar. Se habla de paisaje kárstico o, simplemente, de Karst, término que proviene de Eslovenia y es ampliamente utilizado en la espeleología, es decir, en el estudio de las cavernas.

Nuestra entidad venía realizando estudios para preservar el área kárstica dolomítica de las sierras Bayas, única en la provincia. Analizábamos la posibilidad de utilizar algunas cuevas para turismo y para fines didácticos, tanto para la formación de investigadores como para escolares. Pero la acción de quienes explotan las canteras, ajena a los actuales conceptos y aun a las normas de la protección ambiental y la conservación del patrimonio natural, y poco sensible a tales preocupaciones, así como el desinterés de la dirección provincial de Minería, llevaron a la destrucción de dos cavidades y a la modificación irreversible de otras dos. Los reclamos ante dicha dirección no han tenido respuesta. Nadie se hace cargo de las consecuencias de acciones emprendidas por quienes explotan las canteras solo mirando el beneficio pecuniario. La ciencia y la actividad económica no deberían ser enemigas, pues se necesitan mutuamente. Pero un uso irracional y egoísta del ambiente las enfrenta. La pérdida de una parte del paisaje, sea este imponente o modesto, nos priva a todos de posibilidades de fantasía y conocimiento.

Silvia Barredo
Grupo Espeleológico Argentino

MÁS SOBRE EL USO DEL ARTÍCULO

Comparto lo expresado por el lector Carlos María Zaccaro en la carta publicada en número 60 de Ciencia Hoy sobre el uso del artículo antepuesto al nombre científico de una bacteria. También me permito manifestar mi desacuerdo con la respuesta del comité editorial. En primer lugar, el latín, madre de todas las lenguas romances, carece de artículos. Cuando se traduce del latín al castellano, se suplen los artículos donde corresponde. Si se reproduce un vocablo o frase latina sin traducción, no es lícito usar artículos. Podría admitirse el uso de artículos como licencia literaria, pero en el lenguaje científico no se permiten licencias. Es evidente que en la redacción de la respuesta al lector Zaccaro no intervino un taxónomo. En los trabajos taxonómicos que se publican en castellano jamás se encontrará un nombre científico de planta o animal que lleve antepuesto un artículo.

Los editores dicen que los nombres científicos son nombres comunes. Por el contrario, son nombres tan propios como el nombre y apellido de cualquier persona. Uno antepone el artículo cuando menciona el nombre común o vulgar de una planta o animal, y así dice la cabra montés o el pasto llorón, pero no la Capra ibex o el Eragrostis curvula. Tengo la impresión de que el redactor de la respuesta confundió el nombre genérico en castellano, que María Moliner remite a nombre común, con el nombre genérico en taxonomía. Y de aquí que diga que los nombres científicos de los géneros son nombres comunes. De paso, señalo que María Moliner conocía a fondo el idioma castellano, pero no el científico. Los editores apelan a las opiniones de Manuel Seco en un intento de justificar el desatino de considerar a los nombres científicos como comunes y afirma que Ciencia Hoy, como revista de divulgación, trata de ajustarse a los usos aceptados del idioma culto. Pero idioma culto no incluye al lenguaje científico, que es utilizado solamente por una pequeña fracción de la humanidad, y cuya divulgación es una de las responsabilidades de esa revista. En taxonomía vegetal o animal rigen normas dictadas en congresos internacionales cuya estricta aplicación es obligatoria para todos los científicos del mundo, independientemente de su especialidad, así como rigen normas similares para químicos y físicos, que también deben ser respetadas por botánicos y zoólogos. Realmente, la vida sería más placentera si las personas se limitaran a hablar exclusivamente de lo que verdaderamente saben.

Ovidio Núñez
Manuel Gonnet,
Buenos Aires

Acerca del tema en discusión, los editores consultaron por escrito a quienes, tal vez, sean considerados entre los que verdaderamente saben, es decir, a la Real Academia Española. Su respuesta fue, literalmente: Los nombres científicos de plantas y animales, compuestos de dos palabras que indican el género y la especie, se utilizan con artículo. No son exactamente nombres propios (aunque el nombre del género se escriba con mayúscula) y suelen utilizarse con valor genérico (nombran a una clase de individuos). El uso apropiado es el siguiente: El Haemophilus influenzae es el causante de...