Modelos Animales

En la investigación biomédica se da ese nombre a cualquier animal usado para estudiar enfermedades humanas. El procedimiento evita experimentar directamente con un ser humano –y posiblemente causarle daño–. Para ser un buen modelo, el animal elegido debe tener parecido con los seres humanos, sobre todo, poder experimentar la enfermedad en cuestión o alguno de sus síntomas. El objetivo perseguido determina los criterios a tener en cuenta para elegir el modelo animal.

Si, por ejemplo, se requiere un modelo para un síndrome psiquiátrico, hay que encontrar una situación de homología entre el comportamiento del animal escogido y el síndrome que se procura modelar. Un modelo homólogo sufre la misma enfermedad humana, por iguales causas, con los mismos síntomas y responde de forma semejante a idénticos tratamientos. Por ejemplo, existe una raza de ratones que enferman de diabetes; se llaman los ratones NOD (diabéticos no obesos) y permiten estudiar la enfermedad humana, analizar sus causas genéticas y sus síntomas, y evaluar posibles tratamientos.

En los inicios de la psicofarmacología, el término ‘modelo animal’ solía significar ese tipo de modelos. Pero pronto se hizo evidente la dificultad de encontrar animales que sirvieran para enfermedades psiquiátricas: las similitudes son difíciles de establecer porque, a diferencia de los humanos, los animales no pueden explicar cómo se sienten ni qué experimentan, y muchas veces esa es la forma en que los psiquiatras diagnostican las enfermedades. Así, es difícil encontrar un animal que sufra falta o deficiencias del lenguaje, que es uno de los síntomas del autismo.

Un propósito más limitado de los modelos animales es estudiar los efectos de posibles tratamientos y ayudar a que se descubran nuevos. Del análisis de la conducta de los ratones, por ejemplo, se concluye que si se los pone en una habitación vacía tienden a caminar pegados a las paredes, donde están más protegidos de predadores. Pero como son también curiosos, buscan investigarlo todo, aun el centro de la habitación, donde están más expuestos. En un recinto desconocido, experimentan el conflicto entre quedarse a resguardo, cerca de las paredes, o explorar todo el espacio, incluido el centro, donde tal vez encuentren comida pero corren el riesgo de ser detectados por un gato al acecho.

Se ha observado repetidamente que en una situación como la descripta los ansiolíticos (fármacos que disminuyen los niveles de ansiedad) aumentan el tiempo que los animales pasan explorando el centro, expuestos a posibles peligros. Así, si bien no podemos afirmar que un ratón que pasa menos tiempo en el centro es ansioso, podemos predecir que una nueva droga que hace que un animal pase más tiempo en el centro posiblemente actuará como ansiolítico en los seres humanos.

Modelos como estos han resultado valiosos para probar grandes cantidades de compuestos e identificar algunos nuevos que han pasado a formar parte de la batería de fármacos disponibles para tratar distintas enfermedades.

Nota a la que pertenece este recuadro

Animales modelo y el estudio del autismo
Ciencia Hoy
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