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El polen de las mieles, un indicador de su procedencia botánica y geográfica

El estudio del polen de las mieles permite conocer las plantas que proveyeron el néctar para su elaboración. Estas determinan una serie de propiedades de las mieles, incluyendo su aroma, color y sabor. El estudio del polen de las mieles tiene un interés que excede lo científico, ya que permite tipificar los distintos tipos de mieles de acuerdo con su origen, lo que incide en su valor comercial.

Las propiedades de la miel, incluyendo su aroma, color y sabor dependen del néctar que le da origen. El estudio del polen que contamina el néctar y aparece en las mieles no solo tiene interés científico básico sino que permite tipificar las mieles de acuerdo con su origen, lo que incide en su valor comercial. Este tipo de estudios es escaso en la Argentina, a pesar de que nuestro país es el quinto productor y el tercer exportador mundial de miel.

Figura 1. Pintura rupestre hallada en Bicorp, Valencia, que muestra una persona acercándose a un panal colgado de una rama de árbol.
Figura 1. Pintura rupestre hallada en Bicorp, Valencia, que muestra una persona acercándose a un panal colgado de una rama de árbol.

La utilización de la miel en la alimentación se remonta a la prehistoria, el hombre primitivo la extraía de los panales de abeja que encontraba en troncos huecos o en las grietas de las rocas. Dan prueba de ello las imágenes encontradas en las pinturas rupestres de Altamira que datan de 15.000 a.C., y en Bicorp (Valencia) cuya antigüedad es de 7000 años a.C. (figura 1). Desde entonces, tanto la miel cuanto las abejas han sido fuente de inspiración para los poetas y objeto de investigación para los naturalistas. La miel fue el principal edulcorante disponible en la antigüedad clásica. Durante este período se la empleó también en la conservación de cadáveres. Es conocido que durante el traslado del cuerpo de Alejandro el Magno desde Babilonia hasta Alejandría en Egipto en el 323 a.C. y el de Agesilao, rey de Esparta, desde Egipto hasta su ciudad natal en el 360 a.C., se usó miel para evitar la descomposición. El efecto preservante de la miel se debe a su baja concentración de agua y es idéntico al que permite la prolongada conservación de los dulces y de las frutas en almíbar donde el alto contenido en azúcar disminuye el contenido de agua (véase “La actividad del agua. Un factor determinante en la preservación de los alimentos”, Ciencia Hoy, 18:6-9, 1992). En los pueblos celtas y anglosajones del centro y norte de Europa donde el cultivo de la vid no era posible, la miel fermentada (llamada por los romanos hidromiel) fue una de las primeras bebidas alcohólicas.

Las abejas productoras de miel fueron domesticadas durante el Neolítico (período que comenzó hace diez mil años) a medida que el ser humano aprendió a proteger, cuidar y controlar las colonias de abejas que encontraba en la naturaleza. Sin embargo en su forma moderna la apicultura recién se inició a mediados del siglo XIX cuando, en Estados Unidos, el reverendo Lorenzo Lorraine Langstroth inventó la colmena de cuadros móviles cuyo uso perdura hasta nuestros días. La colmena Langstroth, como se la identifica actualmente, permitió un fácil manejo de las colonias de abejas productoras de miel (abejas melíferas, Apis mellifera, véase “La abeja recolectora de néctar”, Ciencia Hoy, 12:34-41, 1991). De ese modo la miel, junto a otros productos de la colmena, adquirió importancia comercial. La colmena inventada por Langstroth, fundamental para la práctica de la apicultura, fue difundida en el continente europeo gracias a las publicaciones de Dadant, un promotor de esta actividad. A partir de ese momento, la introducción de las abejas melíferas se incrementó de tal modo en diversas partes del mundo que actualmente puede decirse que estos insectos son cosmopolitas.

María C. Tellería

María C. Tellería

Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata, UNLP, CONICET
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