Inicio Volumen 11 Número 63 La privatización de las universidades

La privatización de las universidades

¿Asistimos a una creciente comercialización de la universidad? ¿Tiene algún sentido manejar la universidad ‘como una empresa’, para la cual los estudiantes y la industria son clientes y los académicos proveedores que venden sus servicios? ¿Puede una universidad que depende cada vez más de aranceles, de contratos con la industria y de donaciones filantrópicas o de empresas realizar investigación independiente y, sobre todo, elegir libremente los temas de esta?

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En el número 290 de Science, del 1º de diciembre de 2000, apareció en la sección Essays on Science and Society una nota de James Robert Brown, un profesor de filosofía canadiense, con el título “Privatizing the University – The New Tragedy of the Commons” (pp. 1701-2). Las cuestiones sobre las que opina el autor no solo se plantean en el Canadá. También tienen vigencia en el medio local, y posiblemente aquí se susciten de manera más cruda y grotesca. Por ello, los editores de Ciencia Hoy creyeron oportuno hacer conocer la versión castellana del artículo de Brown, como una invitación —casi se podría decir una provocación— al debate, aunque no necesariamente estén de acuerdo con todos los planteos o las conclusiones del autor.

El comité editorial agradece el permiso de traducir y difundir esta nota.
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En los últimos años todos hemos presenciado la creciente comercialización de la universidad. Los numerosos carteles publicitarios y los dorados arcos que anuncian la venta de comida rápida pueden constituir una afronta a nuestro sentido estético, pero se puede sostener que no son mucho más que eso. Otras características de la comercializada vida académica, sin embargo, crean una seria amenaza a cosas que con razón veneramos. La “privatización” y el “modelo empresario” son el potencial peligro.

¿Qué significan estas nociones? Para mí implican que la universidad depende crecientemente de la industria y de la filantropía; que una cada vez mayor proporción de nuestros recursos se aplican a temas aplicados o “prácticos”, tanto en enseñanza como en investigación; que los resultados de la investigación son objeto de una apropiación privada en la que el secreto comercial prevalece por sobre el interés público de la libre difusión del conocimiento, y que se difunde la actitud de manejar la universidad “como una empresa” para la cual los estudiantes y la industria son clientes y los académicos proveedores que venden sus servicios. Así, prestamos creciente atención a las necesidades y exigencias de nuestra clientela y, según el viejo dicho, “el cliente siempre tiene razón“.

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