Oppenheimer versus Rotblat frente a la bomba atómica

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Figura 1. Escultura de Henry Moore en el campus de la Universidad de Chicago, Estados Unidos, inaugurada a los veinticinco años de la primera reacción en cadena autosostenida, experimento realizado por Enrico Fermi y colaboradores el 2 de diciembre de 1942 y que dio lugar a la generación de energía nuclear controlada.

Con motivo de la aparición de la película Oppenheimer y el dilema que presenta la responsabilidad social que le cabe a un científico o una científica, Ciencia Hoy consultó a Karen Hallberg, presidenta del consejo directivo de la Conferencia Pugwash para Ciencia y Asuntos Mundiales y consejera internacional y miembro del directorio de la American Physical Society (APS).

Apenas explotó la primera bomba atómica el 16 de julio de 1945 en el ensayo nuclear en el desierto de Alamogordo en Nuevo México, Estados Unidos, Robert Oppenheimer, director del Laboratorio de Los Álamos del Proyecto Manhattan, recitó una línea del Bhagavad Gita: ‘Ahora me volví la muerte, el destructor de mundos’. La humanidad estaba siendo testigo de la creación del arma de destrucción más poderosa jamás fabricada. A partir de ese momento, se iniciaría una carrera frenética por parte de varios países, principalmente Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia y, más tarde, por Israel, India, Paquistán y Corea del Norte para armarse con estas armas de destrucción indiscriminada. Hoy hay unas 13.000 bombas nucleares en el mundo, y son los Estados Unidos y Rusia los países poseedores de la mayor cantidad, con unas 5300 y 5400 bombas respectivamente. La humanidad...

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