Inicio Volumen 11 Número 62 La revolución genética y la agricultura

La revolución genética y la agricultura

Existe coincidencia en que las tecnologías que han hecho posible la producción de alimentos en cantidad suficiente para las demandas de la humanidad están entrando en una etapa de agotamiento. Esto, más las limitaciones del ecosistema global, impone la búsqueda urgente de nuevas alternativas. La genética molecular y la ingeniería genética pueden contribuir positivamente a lograr esto si se aplican junto a políticas adecuadas.

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El sistema agrícola mundial deberá encargar enormes desafíos en el futuro inmediato. La llamada Revolución Verde que permitió satisfacer la demanda de alimentos generada por la explosión demográfica de la segunda mitad del siglo XX ha entrado en una etapa de agotamiento y el ecosistema global está mostrando limitaciones crecientes. Es urgente la búsqueda de nuevas alternativas que tengan en cuenta que los recursos globales no son inagotables y que su preservación requiere formas autosustentables de producción. Estas dependerán de la combinación de políticas adecuadas y del correcto uso de la biotecnología moderna.

Signos de crisis

La agricultura moderna es la actividad humana con mayor impacto sobre el ambiente a escala global. La progresiva ampliación de las fronteras agrícolas, las que están alcanzando los límites prácticos de la superficie cultivable, y la continua degradación de suelos y napas acuíferas, constituyen manifestaciones claras de la intensidad de este proceso. Paralelamente, las inadecuadas prácticas de explotación utilizadas en las regiones menos desarrolladas están conduciendo a la paulatina deforestación y desertificación de vastas regiones del planeta. Estos procesos se suman a otras actividades humanas para provocar una creciente inestabilidad del clima, lo que, al incidir negativamente en la propia agricultura, genera un círculo vicioso que realimenta la crisis.

En los últimos veinte años, la humanidad ha debido enfrentarse al hecho de que los recursos globales tales como la tierra, el agua y el aire, hasta entonces considerados inagotables, son en realidad finitos, y que la única forma de preservarlos (y de asegurar la propia supervivencia de la humanidad) es desarrollar formas autosustentables de producción.

Alejandro Mentaberry

Alejandro Mentaberry

Instituto de Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) -CONICET, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, UBA
Ciencia Hoy
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