Ciencia y tartamudez

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Ciencia y tartamudez

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La tartamudez (también conocida como disfemia o disfluencia) es un trastorno del habla que afecta a entre el 1 y el 2% de la población. Se caracteriza por interrupciones repentinas en el flujo de las palabras, por el uso de circunloquios (sustituir una palabra de pronunciación difícil por otra) y por algunas manifestaciones físicas, como mover una extremidad ante una palabra dificultosa. Su inicio es temprano: se manifiesta entre los dos y los cinco años de edad. Puede extenderse hasta la adolescencia e incluso la adultez.

El interés científico por descubrir las causas de la tartamudez ha llevado al intento de dilucidar sus bases genéticas y neurobiológicas. Para identificar componentes genéticos fueron importantes determinados estudios realizados con gemelos humanos. Asimismo, se investigaron algunos posibles genes vinculados con la patología y se determinaron sus mutaciones. Las investigaciones dieron un giro inesperado a mediados del siglo XX, con el descubrimiento de un gen estrechamente relacionado con el habla. Se encuentra activo en regiones del cerebro vinculadas con ella, por lo que una anomalía en el gen generaría déficits en esas zonas del cerebro.

Cerebro

Las técnicas de neuroimágenes, por su lado, han contribuido a avanzar en el conocimiento sobre la tartamudez. En 2011, se puso de manifiesto que existen en tartamudos diferencias neuroanatómicas en la corteza sensoriomotriz, un área del cerebro relacionada con la percepción de sensaciones y la planificación y la ejecución de movimientos. Específicamente, se encontró en ellos una disminución de la materia blanca de esa zona. Esto apoya la hipótesis de que existen diferencias neurobiológicas individuales en personas que padecen tartamudez. También se encontró en esas personas una sobreactivación del hemisferio cerebral derecho, algo que podría derivar de un mecanismo compensatorio, de suerte que no se puede afirmar que sea causa o consecuencia de la patología. Por último, las personas disfluentes muestran una secreción mayor de dopamina en el cerebro (entre un 50 y 200% por encima de lo normal). La dopamina es un neurotransmisor de vital importancia para la supervivencia, pues proporciona las sensaciones de placer asociadas con el sexo, la alimentación, el aprendizaje, la motivación y determinadas drogas. En conjunto, la genética y las neurociencias son las disciplinas que más han aportado a la comprensión de las causas y los mecanismos de la tartamudez, aunque las hipótesis barajadas hasta el momento son insuficientes y se requiere el soporte de otras áreas de estudio para lograr una comprensión más integral.

Es interesante agregar que en 2012 dos investigadores canadienses evaluaron un videojuego para el tratamiento de la tartamudez. Su propósito es reducir la ansiedad y el temor de hablar en público, dos manifestaciones típicas de personas tartamudas. Para saber más, consúltese http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1877050912008320.

Más información en Craig-McQuaide A, Akram H, Zrinzo L & Tripoliti E, 2014, ‘A review of brain circuitries involved in stuttering’, Frontiers in Human Neuroscience, 8: 884. doi: 10.3389/fnhum.2014.00884.

Leonardo Marengo