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La física contra el cáncer. A cien años de la primera batalla ganada

A partir del descubrimiento de los rayos X se generó una fiebre de nuevos experimentos destinados a develar las propiedades de los misteriosos rayos. En particular, se especuló durante un tiempo con las potenciales propiedades curativas de los mismos. Dos meses después del descubrimiento se realizó la primera aplicación terapéutica de rayos X en un paciente de cáncer, y en 1899 se anunciaba en Estocolmo la primera cura de un tumor maligno utilizando los rayos. Este hecho marcó el nacimiento de una actividad que pronto se fue diferenciando de la radiología de diagnóstico y que se desarrolló y maduró durante el transcurso del siglo XX: la radioterapia.

El 8 de noviembre de 1895, un físico llamado Wilhelm Conrad Röntgen, de la Universidad de Würzburg, en Alemania, realizó uno de los descubrimientos más trascendentes en la historia de la humanidad: los rayos X.
A pesar de la enorme importancia que este hecho tuvo en el desarrollo posterior de la física moderna, su trascendencia en este campo se vio opacada por las inmediatas aplicaciones que encontró en el de la medicina. Efectivamente, los rayos X revolucionaron esta ciencia y constituyen, aún hoy, la principal técnica de diagnóstico no invasiva.

El descubrimiento de los rayos X y de la radiactividad

El viernes 8 de noviembre de 1895, W. C. Röntgen se encontraba trabajando en su laboratorio. Mientras hacía pasar corriente por un tubo de Crookes de alto vacío, vio por el rabillo del ojo una pálida luz verdosa que provenía de una mesa en un rincón. Röntgen reconoció inmediatamente que se trataba de los rayos cuya existencia había estado persiguiendo desde hacía un tiempo.

Treinta años antes, el físico James Clerk Maxwell había predicho teóricamente la propagación de radiación electromagnética, y Ludwig von Helmholtz la existencia de radiación electromagnética de alta frecuencia. Entre las propiedades de esta estaría la de interactuar mínimamente con la materia y exhibir, por lo tanto, un gran poder de penetración. Dos interrogantes se imponían: ¿dónde encontrar esa radiación invisible y cómo detectarla, si es que no interactuaba prácticamente con la materia?

El físico Phillip Lenard primero y Röntgen mismo después, empezaron a estudiar las descargas eléctricas en tubos de rayos catódicos –similares a los que se utilizan aún hoy en los televisores–. Como detectores de estos rayos invisibles utilizaban placas fotográficas y pantallas cubiertas por sales fluorescentes. Si bien aparentemente Lenard fue el primero en observar los efectos de los rayos X sobre las pantallas fluorescentes que utilizaba, interpretó mal los resultados y los atribuyó a los rayos catódicos que se estaban generando en el tubo de descarga.

Walter R. Cravero

Walter R. Cravero

Centro Regional Universitario, Bariloche, Universidad Nacional del Comahue, San Carlos de Bariloche, Río Negro
Pablo J. Meoli

Pablo J. Meoli

Departamento de Radioterapia, Instituto Alexander Fleming, Buenos Aires
Ciencia Hoy
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